La voluntad y el control del “earworm” sobre la mente es tal que mientras una canción está dando vueltas, entra otra sin siquiera darnos cuenta y así, empieza otra en la rockola de nuestro cerebro

Un día común y corriente te encuentras manejando, leyendo o incluso platicando con alguien cuando, de repente, caes en la cuenta de que una canción está dando vueltas en tu cabeza sin cesar. 

A este “fenómeno” musical se le llama “earworm” y la ciencia ha buscado por años la razón por la que las canciones se quedan “pegadas” (como solemos decir) en nuestra cabeza. 

De hecho, para la psicología el misterio radica en que muestran esa parte de nuestra mente que no podemos coantrolar, pues la canción llega sin avisar y no se va cuando queremos que se vaya. 

Ni siquiera con cantarla hasta el final –una de las tantas soluciones– la canción desaparece o deja de sonar; cosa que para muchos solamente se traduce en mayor frustración y desesperación.

En 2006, Steve Brown de la Simon Fraser University estudió sus propios “earworms” y señaló en el Journal of Consciousness Studies cómo es que este fenómeno puede abrir un nuevo panorama para el análisis de las experiencias conscientes que se dividen en diferentes “streams” (corrientes) en paralelo, pues la canción se queda en “loop” (repetición) cuando estamos conscientes.

La voluntad y el control del “earworm” sobre la mente es tal que mientras una canción está dando vueltas, entra otra sin siquiera darnos cuenta y así, empieza otra en la rockola de nuestro cerebro.

De acuerdo a un equipo de investigadores de Goldsmiths University en Londres, estos “gusanos” son una especie de parásitos que viven en una parte de la mente que repasa sonidos.

Tim I. Williams y C. Phillip Beaman, ambos de la Universidad de Reading, Inglaterra, aseguran en una publicación de 2010 en el British Journal of Psychology que “simplemente, un ‘earworm’ es la experiencia de una incapacidad para desalojar una canción y evitar que se repita en la cabeza”. 

Suena simple, pero se debe tomar en cuenta que con las grandes habilidades que tiene un ser humano a nivel cognitivo, el no poder al menos elegir cuándo aparezca una canción repetidamente, sigue siendo un misterio.

El neurólogo Oliver Sacks dice en su libro “Musicophilia: Tales of Music and the Brain” (2007), que un “earworm” es “la abrumadora y en ocasiones, impotente sensibilidad de nuestros cerebros hacia la música”.

Un simple “earworm” puede quedarse en nuestra mente durante días, meses o hasta años, por lo que al menos se intuye que se quedan en la memoria a largo plazo.

Investigadores de la Universidad de Londres publicaron en septiembre de 2011 en Psychology of Music, un estudio en el que muestran distintas razones o posibles cosas que provocan la Involuntary Musical Imagery (INMI) o (Imagen Musical Involuntaria), como también es conocido formalmente el fenómeno “earworms”.

En 2009 y 2010, los investigadores analizaron durante meses 333 reportes de 2 mil 424 y analizaron 271 de mil 308 encuestas en línea (de sitios de radio tanto de la BBC, como de Australia y Estados Unidos). Los resultados arrojaron que un pensamiento o percepción sensorial pueden provocar que se le ponga “play” a una canción en la mente.

Origen del “earworm”

Pero, ¿a qué se debe? A la letra “pegajosa”, el ritmo o ¿a que nos gusta?

La estación 6Music de la BBC, junto con un grupo de investigadores de Goldsmiths, University de Londres y la British Academy crearon el sitio llamado “The Earwormery” para estudiar a los “earworms”, este particular tipo de INMI.

Más de 8 mil personas han tomado el cuestionario en línea para seguir recolectando “earworms” y su análisis. Se han recolectado más de 2 mil 500 canciones.

La Dra. Vicky Williamson, psicóloga musical que ha estudiado este tema durante los últimos años y quien es una de las creadoras del sitio, afirma que algunas de las canciones que a todo mundo “se les pegan” es porque acaban de escucharlas en la televisión o en alguna película.

O bien, de acuerdo a sus estudios, otros factores que disparan esas repeticiones de la canción en la mente son la exposición que tenemos hacia la música o que la escuchamos recientemente y al cabo de cierto tiempo empieza a “sonar” en la cabeza.

Otra, y una de las más lógicas, es que has escuchado esa canción muchas veces durante horas e incluso la has repetido en tu reproductor de música.

Pero el misterio llega cuando ha pasado mucho tiempo de que se escuchó una canción y aún así, aparece “de la nada” en la mente.

Y claro, el estrés no podía faltar. Según los estudios de Williamson y de los análisis de la encuesta en línea en “The Earwormery”, el estrés es otro de las posibles causas para que el cerebro dispare una canción de la nada y sin cesar.

Un ejemplo claro de esto es una mujer que contestó el cuestionario en línea y aseguró que la canción “Nathan Jones” de Bananarama se quedó pegada en su mente mientras contestaba un examen cuando tenía 16 años. Ahora “escucha esa canción (en la mente) en cada momento que se estresa (…) en su boda, cuando tuvo un bebé, siempre”, dice la doctora Vicky. Esto corrobora la teoría que sostiene que los “earworms” son un producto de la memoria “involuntaria”.

¿Recuerdas alguna situación de estrés que hayas vivido en la que apareció una canción en tu mente? Podría ser al contestar un examen en la escuela o mientras manejas en un tráfico interminable. 

Es importante destacar que el “earworm” puede estar presente aunque estés escuchando la radio o inclusive con ruido en tu entorno.

Por su parte, Daniel Levitin, experto en la neurociencia de la música de la McGill University en Montreal, explica que la manera en la que aprendimos la información (por lo general repetitivamente) influye directamente en que se nos queden grabadas las canciones y de repente aparezcan, al estar “por algún lado” dentro de la memoria.

Y que “la combinación de ritmo, rima y melodía proporciona un refuerzo que hace que las canciones sean más fáciles de recordar, más que las palabras sueltas”.

¿Cura para la música involuntaria?

Si el cantar la canción completa no funciona, Levitin aconseja que “solo piensen en otra canción y esperen a que ésta empuje a la pasada”.

Actualmente Williamson estudia las posibles soluciones o curas para los “earworms” y al igual que Levitin, dice que reemplazar una canción con otra puede ayudar, pero también es un círculo vicioso, pues la “ayuda” se convierte en el siguiente “earworm”.

Algunos de los lectores de la BBC en línea respondieron con ideas para eliminar a los “gusanos” musicales, entre ellas destacan la de William Van Duyn de Canadá, quien asegura que escribir la letra de la canción al revés y leerla de esa manera es una gran ayuda, pues confunde al cerebro y “se calla”.

Otra sugiere que la cantes hasta el final como si estuvieras en un escenario, así, cerrarás con un gran final… un verdadero final. Pero sin los aplausos.

También, Melanie Sherman de Vancouver, Canadá, proporcionó la “receta” ideal pero un poco peligrosa, la cual es cantar “New York, New York” de Frank Sinatra, el peligro llega porque puede convertirse en el siguiente “earworm”.

DJ Earworm

“DJ Earworm” como su nombre lo dice, mezcla los mashups (que por lo general tienden a ser “earworms”) y los publica en su página de Internet.

En Piensa Indigo te recomendamos entrar en su página y dar un vistazo por toda su música, pero como previa advertencia: recuerda que su música está hecha de “earworms”. Recorrerás el tiempo con hits musicales, pero probablemente cierres la página con un “earworm” seguro.

The Earwormery
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Mezcla de “earworms”
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