La vida de Kafuku, un actor consagrado de teatro en Japón, cambia radicalmente cuando su autonomía se pone en juego debido a su edad. Al histrión se le niega el seguir conduciendo, porque se le diagnostica glaucoma.

Kafuku tenía un gusto particular por manejar y disfrutar de su descapotable, entonces, contrata a una chofer de 24 años, recomendada por su mecánico de confianza.

Es en los trayectos con Misaki Watari, su chofer, que el actor reflexiona acerca de su esposa difunta, dialoga en ocasiones con la conductora y en otras recita en alto los diálogos teatrales que le contesta al casete que tiene pregrabadas las líneas de una obra.

En esta rutina es que se desarrolla Drive my car, cuento de Haruki Murakami, y que nos hace cuestionarnos la interacción de las relaciones humanas, lo mucho o poco que podemos conocer a las personas y viceversa; ejercicio enriquecedor para quienes han seguido los pasos de este autor nipón.

“El literato de Kioto ha conseguido convertirse en el ídolo introspectivo y aspiracional de una generación incomprendida, delicada y única. Almas perdidas, escenas surrealistas, episodios crípticos y finales abiertos. Todo sujeto a la interpretación. Muy listo el Murakami”, describe Samuel Parra, escritor mazatleco especializado en cuento.

Al igual que Parra, el autor Mauricio Montiel Figueiras también se unió al ejercicio convocado por Reporte Índigo para profundizar alrededor del cuento de Murakami transformado en largometraje, que dicho sea de paso ganó en los Oscar como Mejor Película Internacional.

“El cuento tiene exactamente el mismo potencial para ser trasladado al cine o el teatro, por ejemplo. Un director que lo demostró con creces fue Robert Altman, quien en Short Cuts (1993) fusionó con maestría nueve cuentos y un poema del estadounidense Raymond Carver, un autor traducido al japonés justamente por Haruki Murakami”, indica Montiel Figueiras.

El poeta jalisciense resalta que las historias cortas para nada son un género literario menor y que se deben reconocer por el gran aporte que han hecho figuras como Edgar Allan Poe y Antón Chéjov desde el siglo XIX; sin embargo, lamentablemente, ha sido el mercado editorial el que se ha encargado de relegarlo y minimizarlo, para favorecer a la novela.

Mientras que Parra menciona que no le gustó la adaptación cinematográfica que tiene una duración de tres horas, Montiel Figueiras destaca que el filme de Ryûsuke Hamaguchi ganó merecidamente el premio de la Academia e, incluso, destaca al largometraje como el mejor de 2021.

“Ahora no recuerdo cuándo fue la última vez que una cinta me conmovió tanto como esta. Lo que Ryūsuke Hamaguchi ha conseguido es una obra de arte de altísimos vuelos que toca fibras muy íntimas, muy intensas. Esto, según yo, es lo que debe hacer el cine en relación no sólo con la literatura sino con la vida”, enfatiza el autor de Guadalajara, Jalisco.

En el sentido de lo emocional y con respecto al cuento, Parra considera que desde el punto de la pérdida, Murakami logra construir metáforas que hacen que el lector se cuestione su realidad y se haga consciente de que temas como el duelo, la muerte y las ausencias, no van necesariamente ligadas.

“Murakami y la muerte, imprime en el duelo un carácter particular en Drive my car, en razón de su radicalidad, de su irreversibilidad, de su universalidad e implacabilidad. Una separación no mortal deja siempre abierta la esperanza del reencuentro, en este caso, el auto viene a simbolizar eso, el camino, el ir y venir, el no aceptar esa pérdida”, expresa el autor.

Además de Drive my car, Hamaguchi tomó parte de los cuentos Scheherazade y Kino, todos ellos aparecen en el libro Hombres sin mujeres, publicado por Tusquets Editores. Actualmente, la película recorre circuitos alternativos y también está de manera simultánea en la plataforma de cine independiente Mubi.

El relato universal de Drive my car

Lo escrito por Murakami, indica Montiel Figueiras, es un cuento que rompe las barreras del lenguaje y el espacio. Drive my car bien puede ser entendido lo mismo en Japón que en México, porque sus personajes exploran una constante tensión de lo que sucede con las relaciones humanas y sus secretos.

“Al tejer una historia sobre el amor y el desamor, la muerte y el duelo, el arte y sus modos de comunicar(se) a través de las fronteras idiomáticas, Drive My Car rebasa toda idiosincrasia nacional para instalarse precisamente en un terreno universal”
Mauricio Montiel FigueirasPoeta

El también creador del proyecto literario @Elhombredetweed, en Twitter, resalta que Murakami ha tenido éxito para que más de su literatura llegue al cine, lo que lo acerca aún más con nuevos y diversos públicos que no sean afines a los libros, y estén más perfilados hacia el mercado audiovisual.

“Las cuatro adaptaciones cinematográficas de obras suyas que he podido ver son estupendas: Tony Takitani (2004), de Jun Ichikawa; Norwegian Wood (2010), de Tran Anh Hung; Burning (2018), de Lee Changdong, y Drive my car (2021), de Ryūsuke Hamaguchi. Cabe destacar que la única novela adaptada hasta ahora es Norwegian Wood; las otras tres películas se basan en sendos relatos del autor japonés”, subraya Montiel Figueiras.

También puedes leer: La Cineteca Nacional va por más cinéfilos en sus salas