La comida chatarra además de no ser buena para la salud o la nutrición, tampoco lo es para el desarrollo intelectual de las personas, sobre todo en menores. 

Los niños que tienen una alimentación basada en la comida rápida o “fast food”, en inglés, tienen mayor tendencia a que disminuya su CI y esto también repercute en su sano crecimiento, en comparación con los que se alimentan de platillos hechos en casa, según un estudio que se realizó en Goldsmiths, en la Universidad de Londres.

“Este estudio proveerá de cierta manera, evidencia fuerte para apoyar campañas dirigidas hacia reducir la cantidad de comida corrida que consumen los niños en el Reino Unido”, dijo Sophie von Stumm, psicóloga de Goldsmiths.

La población muestra de esta investigación constó de 4 mil niños escoceses, de entre tres y cinco años.

Y es que no solamente se ve afectado su CI y su nutrición, sino que este problema también puede trascender al comportamiento de los niños.

Las psicoanalistas –especializadas en niños– Lucila Lozoya y María Alejandra de la Garza, señalaron que “el daño neurológico y psicológico a consecuencia de un consumo excesivo de químicos se ha vuelto evidente; cada vez más se manifiestan en los niños síntomas de ansiedad, irritabilidad, manía, hiperactividad, falta de concentración”.

Comida prohibida

De hecho, escuelas en el sur de California y Nuevo México ya comenzaron a prohibir alimentos que no contengan alto valor nutrimental, tales como los Cheetos®.

El Distrito Escolar Unificado de Pasadena enfatizó que cada bolsa de Cheetos® contiene un cuarto del sodio adecuado o recomendado para que se consuma diariamente por un niño, así como 26 grados de grasa.

Aunque suene gracioso, incluso tomaron en cuenta el factor de que los niños manchaban las paredes y las instalaciones por el color anaranjado que suele dejar esta fritura en los dedos.

Un plan similar podría ayudar a combatir la obesidad y el  sobrepeso infantil en México.