El Museo del Perfume (Mupe) aún no tiene fecha de apertura, pero sus aromas ya forman parte de la oferta cultural de la Ciudad de México.

El recinto se ubica en Tacuba número 12, en el Centro Histórico. Esta calle, antes llamada de San Andrés, fue una de las cuatro calzadas principales de México-Tenochtitlan y, por los locales que alberga, es conocida como “la calle de los perfumes”.

El Mupe fue una antigua casona señorial construida a finales del siglo XIX, propiedad de la familia Romero Rubio. Carmen Romero Rubio fue la segunda esposa del expresidente Porfirio Díaz.

El predio fungió como una fábrica de banderas, luego fue la sucursal de una sastrería militar, entre otros giros comerciales. Hasta que en marzo de este año y tras casi una década de restauración, Crisanto Romero anunció la creación del primero y único Museo del Perfume en el país. La colección privada tiene más de 3 mil piezas que van del siglo XIX hasta el XXI.

De acuerdo con su página oficial, el espacio busca difundir la cultura de los aromas y el perfume. “Consideramos al perfume como una joya, a través de sus envases somos testigos de la unión entre el arte, el lujo y la maestría en el diseño”, asegura.

Bajo la idea de que un perfume es un objeto que puede ser percibido por el gusto, el oído, el olfato, el tacto y la vista, en marzo, el Mupe fue la sede del taller Expandiendo los sentidos. Su objetivo era crear vínculos sensoriales con la memoria, pues los asistentes exploraron las texturas, aromas y sabores de las plantas que se encuentran en el “Preámbulo Olfativo”. También recibieron una explicación sobre las materias primas para la elaboración y producción de perfumes y crearon su propia fragancia.

Sin embargo, fue hasta el 25 de julio cuando el Mupe inauguró Sinestesia olfativa, su primera exposición temporal.

Sentidos sin límites en el Mupe

“Desdeñamos las limitaciones de oler los olores, escuchar los sonidos, ver las imágenes, tocar lo tangible, saborear los sabores y apelamos a su disposición para permitir que las experiencias diseñadas por los artistas generen una serie de sensaciones inesperadas”, sostiene el curador Iván Edeza.

El también artista visual mexicano explica que la sinestesia ha sido poco investigada científicamente, pues pasó de considerarse una enfermedad mental a un fenómeno perceptivo en el cual se pueden ver colores en los sonidos o sentir texturas en los olores.

“Fue un término que tomé en cuenta para hacer esta propuesta curatorial. La sinestesia es la respuesta que tienen, al menos dos sentidos humanos, frente a un mismo estímulo”, menciona en entrevista.

Edeza convocó a una decena de artistas de diferentes generaciones para enfatizar lo olfativo y apropiarse de las instalaciones del Museo del Perfume.

“Uno de los factores que pedí que consideraran los artistas fue el sitio. Lo visitamos, vimos la arquitectura, que además es muy atractiva esta casona del siglo XIX, y quisimos que eso fuera parte del diálogo: cómo las piezas de arte contemporáneo se pueden ubicar, de qué manera pueden funcionar y qué mejor que todavía no está listo el museo porque dialoga más directamente sólo con la arquitectura”, comenta.

A lo largo del proyecto que dura medio año se irán haciendo cada dos semanas diferentes activaciones, cada artista con su pieza, lo que va a permitir acercarse de una manera distinta
Iván Edezacurador

La invitación de quien fuera becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) se basó en sus investigaciones anteriores.

“Con cada uno hay diferente relación y es una de las razones por las que los convoqué. Era parte del reto ver cómo reaccionaban artistas que trabajan de distintas formas porque vienen de distintos campos”, expresa.

El trabajo de Edeza estaba enfocado a las relaciones con los medios audiovisuales; el video arte se distinguía de entre sus técnicas. Por lo que este nuevo proyecto es una nueva experiencia.

“Me sirvió para refrescarme porque es un territorio que no había explorado y al investigar me atrajo mucho. Me siento receptivo, sensibilizado, atento a planos sensoriales que quizá o había considerado”, platica Iván, en entrevista con Reporte Índigo.

La exposición por etapas

La escultura de un perro desprende olores. Se trata de “Can Brutal”, de Juanjosé Rivas, alude a la planta Lengua de perro, utilizada para elaborar una fragancia que promete a la persona deseada.

La artista Andrea Martínez expone “Leche (el otro hilo de Ariadna)”, aborda cómo los sentidos le permiten a un recién nacido reconocer a su madre.

“Mina”, de Jerónimo Hagerman, permite a los asistentes sumergir su cabeza en esferas de flores para empatizar con los polinizadores.

Con “La falta”, Carolina Van Waeyenberge apela a perfumes, paisajes sonoros, ilustraciones y máscaras.

En “Memoria esférica”, Interspecifics convierte tierra en esferas de gel cuyo olor y sabor pueden traer recuerdos, de ahí su nombre.

Algunas de estas seis piezas son inmersivas, otras contemplativas y forman la primera etapa de Sinestesia olfativa. A partir del 3 de octubre se incorporan tres más de Tania Candiani, Fritzia Irízar y Rogelio Sosa. “El contraste entre las piezas creo que resulta afortunado y equilibrado para propiciar lecturas de todo tipo a partir de las experiencias olfativas. La intención del proyecto es que se mantenga vivo. Por eso decidimos ponerlo por etapas”, acota el curador.

Regístrate

Para asistir, es necesario registrarse por correo electrónico a [email protected] con un costo de 50 pesos al público general y a mitad de precio para el Inapam.

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