Estrés laboral… hasta parece la letra de una canción que todos nos sabemos a la perfección. La ardua carga de trabajo, la falta de tiempo libre, el ritmo incontrolable en una oficina, una planta, en alguna construcción o en cualquiera que sea tu área de trabajo puede traducirse en estrés.

Las personas que tienen trabajos que les provocan altos niveles de estrés y que tienen poco control sobre la toma de decisiones tienen 23 por ciento más de probabilidades de sufrir un infarto, según un estudio reciente, publicado en el journal The Lancet.

“Nuestros hallazgos indican que la tensión laboral se asocia con un pequeño, pero constante, aumento del riesgo de sufrir enfermedades coronarias del corazón, como un infarto”, dijo el profesor Mika Kivimaki, del University College en Londres (UCL), quien dirigió la investigación.

“El sueldo nunca será suficiente”, “No tengo tiempo”, “No tengo vida”, “Todo es dinero”, son algunas de las frases más comunes entre las personas cuyo estrés tiene como punto de fuga el trabajo.

Los especialistas del estudio, entre ellos el profesor Andrew Steptoe, del Departamento de Epidemiología y Salud Pública del UCL, aseguran que los hallazgos radican en la relación que se da entre tensión laboral y la privación de la libertad por la falta de tiempo, lo que implica la dificultad para tomar las decisiones laboral sobre cómo, cuándo hacer el trabajo y/o el resto de actividades fuera del mismo.

De hecho, Steptoe dice que “la unión (entre la demanda de trabajo y el poco control sobre él) es el problema”.

Por su parte, el Dr. Bo Netterstrom, del Hospital Bispebjerg en Dinamarca, dijo que otros factores de estrés en el trabajo, tales como la inseguridad laboral “es probable que sean de gran importancia” y que la tensión laboral es “una medida de solo una parte de un entorno de trabajo psicosocial perjudicial”.

Y la British Heart Foundation afirmó que la clave está en la manera en la que las personas actúan –o no– frente al estrés.

Y esto no tiene absolutamente nada que ver con el puesto o el salario, ni siquiera con el tipo de personas. La presión se mantiene sin “discriminación”.

Sin embargo, como era de esperarse, añadió que “es más común en los puestos de trabajo de bajos ingresos donde la gente está haciendo la misma cosa una y otra vez, como la producción﷯ en línea, pero esto sucede en todo el espectro social”.

En el estrés laboral tampoco hay una relación muy marcada con la falta de habilidades, Andrew señala que, por ejemplo, “un médico puede ser alguien que tiene habilidades muy altas, pero bien podría sentir que tiene muy poco control sobre la rapidez con que se puede trabajar (además), tienen altas demandas sobre ellos”.

“Es una combinación de lo que se espera de ellos y cómo se perciben y experimentan eso”, agregó.

La muestra del estudio constó de 200 mil personas de siete países europeos diferentes. Y de un meta-análisis sobre 13 estudios europeos de este tipo.

Entre la población del estudio, los que cumplieron con “sufrir” de esa tensión laboral, resultaron tener 23 por ciento de mayor riesgo que los demás de sufrir un ataque al corazón.

A pesar de haber tomado en cuenta factores como edad, género, estilo de vida y nivel socioeconómico.

Es importante destacar que otros factores que influyen para que aumente el estrés y esto afecte a nuestra salud, según Steptoe, es que “hay incertidumbre en el empleo y en el aumento o descenso de los salarios”.

A pesar de esto, la publicación señala que por encima del estrés, todavía se encuentran el tabaquismo y la inactividad física como las principales causas de ataques al corazón.

Peter Weissberg, director médico de la British Heart Foundation dijo que “sabemos que estar bajo estrés en el trabajo, y no poder cambiar esa situación, podría aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades del corazón” y “este gran estudio lo confirma, pero también muestra que el efecto negativo en el área de trabajo es mucho menor que, por ejemplo, el daño causado por el tabaquismo o la falta de ejercicio”.

Por lo que las personas que fuman para “liberar” el estrés, están haciendo totalmente lo contrario a lo que sería lo óptimo para su salud.

El peor enemigo 
del estrés

El perro es el mejor amigo del hombre y al parecer, el peor enemigo del estrés laboral.

Un estudio realizado por investigadores de la Virginia Commonwealth University (VCU) indica que llevar a tu perro mascota al trabajo puede reducir el estrés y hacer tu día laboral más satisfactorio, incluso para tus compañeros.

Para el estudio se analizaron a los empleados de una fábrica y se compararon los niveles de estrés de quienes llevaron a sus perros al trabajo con los que los dejaron en casa y también, a los que ni siquiera tenían mascota.

Al cabo de una semana, los niveles de estrés y la sensación de satisfacción cambiaron radicalmente, junto con el sentimiento de responsabilidad y apoyo hacia la empresa.

El profesor Randolph Barker, de la VCU y líder del estudio, dijo que “las diferencias en el aumento del estrés entre los días que el perro estaba presente o ausente fueron significativas. Los empleados en su conjunto tuvieron una mayor satisfacción laboral” y

agregó que las mascotas en el área de trabajo inyectan un bonus a la moral entre los empleados, ya que “los perros son positivos y aumentan la cooperación entre compañeros de trabajo”.

Para esta investigación se les tomaron muestras de saliva a lo largo del día. Por increíble que parezca, en las mañanas los tres diferentes grupos de personas no mostraron variación en sus niveles de estrés, pero durante el día laboral, estos niveles bajaron considerablemente para los empleados que llevaron a su can, subieron para los que no tenían mascota así como para los que no la habían llevado.

Además, los investigadores puntualizaron que cuando dejaron de llevar sus mascotas, los niveles de estrés volvía a subirles.

Louise Lee, vocera de la fundación que fomenta la adopción de perros, Blue Cross, dice que “los mismos perros son más felices cuando no se les deja en casa por mucho tiempo”.

Precaución,
 es lunes

Está comprobado que hay mayor probabilidad de sufrir un infarto en lunes, específicamente entre las 4 y 10 de la mañana, esto debido a que se “arrastra” el confort que significa el fin de semana y el acto de desprenderse de esos días “libres”.

Los lunes son “la vuelta a la realidad” y es erróneo pensar que las horas más peligrosas son las que vienen después de una dura jornada de trabajo”, por lo que venir del fin de semana no reduce el riesgo, dice Roberto Manfredini, director de la Clínica Médica de la Universidad de Ferrara, en España.