Evitar salir a la calle no es fácil para nadie, pero se complica especialmente cuando se trata de los más pequeños del hogar, cuyas actividades y socialización fuera de la familia fueron cortadas de tajo orillándolos a vivir una difícil cuarentena infantil.

Los pequeños ahora realizan una serie de actividades al interior del hogar que no hacían antes como educarse, divertirse sin oportunidad de salir a ningún lado con o sin sus padres, lo que en ocasiones los conduce al aburrimiento. 

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A los más pequeños, entre 3 y 7 años de edad les es más difícil entender el por qué del confinamiento.

Sin embargo un sinfín de estrategias y herramientas son usadas por los progenitores para lograr hacer más llevadero el encierro, que a ellos también los afecta pese a tener mayores herramientas para entender la situación

 

Infancia en cuarentena

Sebastián es un niño de cuatro años que se encuentra en el espectro autista, vive con Asperger, y cuya madre, Verónica es una joven periodista que no pasa de 30 años. Ellos residen en la Ciudad de México. 

Para ellos la cuarentena ha sido especialmente difícil pues Sebastián requiere de rutinas fijas para afrontar su día a día.

“A nosotros nos ha costado un poco de trabajo porque Sebastián es Asperger. Entonces cuando se cambió su rutina empezó a tener problemas para dormir, hacía muchos berrinches, hasta que logramos establecer una rutina nueva, los cambios fueron paulatinos. Llevamos 37 días en aislamiento, sin salir para nada”, relata.

Vero se ayuda de su pareja, quien  colabora de manera activa en la crianza de su pequeño. Como ambos tienen la oportunidad de trabajar desde casa, en medio de su jornada atienden las necesidades del pequeño Sebastián, quien ha terminado, tras los 37 días de encierro, a aceptar los cambios en su vida

“Mi pareja y yo trabajamos desde casa y, en mi caso, el trabajo ha aumentado, así que lo más difícil es que no podemos darle la atención necesaria a Sebastián, porque tenemos que estar trabajando. Mi pareja trabaja de 8am a 4pm, y yo de 9am a 6pm (regularmente más), entonces son horas en las que no lo podemos pelar tanto, si pide que juguemos y estamos en medio de una reunión o algo, tenemos que mandarlo a ver la tele para que se quede tranquilo Lo compensamos con darle toda nuestra atención después de eso, jugando con él y haciendo cosas que a él le gustan.”, cuenta.

Una de las maneras en las que Vero y su pareja entretienen a Sebastián son los juegos de mesa, también acuden a l televisión por un poco de ayuda.

“Jugamos un juego de mesa diferente cada dos días, lo dejo involucrarse en la preparación de la comida. Tenemos un horario específico para hacer tarea, los fines de semana podemos comer chatarra. Ha engordado un poco porque aquí no puede correr ni hacer actividad como antes. Su terapeuta nos da terapia online una vez cada 15 días”, platica.

Explicarle el asunto de la pandemia resultó relativamente sencillo pues Sebastián comprendió que algo n el ambiente no le permitía salir de su encierro: la presencia de ‘bichitos’ que si sale y entran en él lo harán enfermar.

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 “Aunque desde el inicio le dijimos que no podíamos salir porque hay bichitos y si salimos.podemos enfermarnos y todos los días pregunta si ya se fueron los bichito. A veces grita en la ventana “bichitos malvados váyanse a su casa. Once niños nos ha servido para que entienda más el Covid-19”, comenta la periodista.

Viviendo la cuarentena, aunque en otro estado de la República, están Daniel, un pequeño de tres años que en agosto ingresará por primera vez al kinder, Yadira, su madre quien es médica, Roberto, su papá quien también es un profesional de la salud pues estudió enfermería. 

Para Daniel fue difícil entender por qué no podía salir más a la tienda con su papá, o ir a la calle con sus abuelitos, lo que lo hacía rogar por una salida al borde del llanto, sin embargo, poco a poco va comprendiendo la situación pese a su corta edad. 

“Daniel ya empieza a entender un poco sobre el tema. Él solito comenzó a decirme que ya no llorará si su papá se marcha a la tienda sin él. Pero me costó unas semanas de llorar y llorar por querer salir , me ponía cualquier pretexto para salir, incluso quería ir a lugares donde antes se mostraba aburrido”, menciona la joven madre. 

Yadira buscó el modo de explicar a Daniel el por qué de la permanencia prolongada en casa, y el por qué no puede abrazar a su papá nada más llega a casa, pues Roberto sigue trabajando al exterior de su hogar, siempre tomando las debidas precauciones. 

“Poco a poco entiende más, nosotros le decimos que lo amamos y nuestra obligación como papás es cuidarlo por eso es que ya no lo llevamos al brincolín, a la plaza, a la tienda y así, y que tampoco puede abrazar  a su papá cuando llega de trabajar por su bien”, menciona.

Algo que ha aliviado el aburrimiento al que el pequeño de tres años se encuentra sometido es una nueva rutina que llegó hasta ellos por casualidad. La madre de su cuñada, quien es profesora de educación básica, ofreció clases gratuitas en línea como modo de ayudar en la cuarentena y Yadira, quien se encontraba preocupada por preparar a su hijo para el kínder, vio en esta situación una oportunidad. 

Ahora Daniel toma clases virtuales en las que la profesora le deja algunos ejercicios adecuados para su edad, que realiza con ayuda de sus dos padres, quienes se encuentran muy comprometidos con este apoyo. 

“Desde que la maestra le da clases es más fácil la verdad , por que como le comenté a ella yo quería desde cuando prepararlo para el kínder, pero no sabía qué era lo mejor para su edad y ella me dice actividades adecuadas para él. Se pone con sus tareas y se pasa más rápido el día, el sábado es difícil porque tomo un curso , son muchas horas y él no entiende quiere que sólo estemos juntos”, relata.