Cuando crezca… no quiero ser gord@

El culto a los cuerpos delgados influye inevitablemente hasta en los miembros más jóvenes de la familia. 

Niños y niñas comienzan a preocuparse por su apariencia desde una edad muy temprana y esta presión (impuesta por ellos o por el ambiente en el que se desarrollan), define la que será su relación con la comida durante el resto de su vida.

Es por eso que los resultados de una investigación realizada por la University College of London y la London School of Hygiene and Tropical Medicine son alarmantes.

Dos de cada tres

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Adolescentes consume miles de calorías en atracones
http://www.youtube.com/watch?v=S3kbmak5CMY

El culto a los cuerpos delgados influye inevitablemente hasta en los miembros más jóvenes de la familia. 

Niños y niñas comienzan a preocuparse por su apariencia desde una edad muy temprana y esta presión (impuesta por ellos o por el ambiente en el que se desarrollan), define la que será su relación con la comida durante el resto de su vida.

Es por eso que los resultados de una investigación realizada por la University College of London y la London School of Hygiene and Tropical Medicine son alarmantes.

Dos de cada tres

El estudio involucró a los padres de más de 7 mil jóvenes de 13 años, que fueron entrevistados por segunda vez cuando sus hijos cumplieron 15 años. 

Los resultados revelaron que dos de cada tres adolescentes de 13 años tienen miedo a engordar. Y 12 por ciento de ellas muestra “niveles extremos de miedo” a ganar peso. Solo 5 por ciento de los chicos de la misma edad cayó en esta última categoría. 

Un tercio de las niñas y uno de cada cinco niños reveló que sentía molestia por la forma de su cuerpo.

Más de la mitad de las niñas evita comer alimentos altos en grasa y poco menos del 30 por ciento de ellas hace ejercicio para evitar aumentar de peso. El 23 por ciento de sus contrapartes masculinas hace lo mismo, con las mismas motivaciones.

Estos problemas, explican los investigadores ingleses, impactan en la salud mental de los jóvenes, además de afectar su vida social, personal y familiar.

La doctora Nadia Micali, quien encabezó la investigación, dice que “los resultados fueron particularmente alarmantes” porque “no hubiera pensado que (estas preocupaciones) fueran tan comunes a tan corta edad”.

Además, aclara que no se sabe cuándo comienza este comportamiento. 

Y señala que “quizá la mitad de ellos desarrollará desórdenes alimenticios graves”. 

Por lo general, estos reportes se enfocan en la percepción de las mujeres (los resultados de la investigación confirman que estas sienten el doble de ansiedad que los jóvenes de su edad), pero aún así, los científicos consideran que los hombres sienten cada vez más presión y pronto el terreno estará nivelado.

Y es que el problema podría ser aún más grave de lo que mostraron las entrevistas a los padres que participaron en este estudio, ya que quienes sufren de algún desorden alimenticio tiende a ocultarlo, con mayor razón si se trata de un adolescente.

El extremo opuesto

A pesar de la marcada preocupación de los adolescentes por conservar una apariencia estética, uno de cada 20 de ellos tiene atracones o episodios en los que come en cantidades excesivas, casi siempre utilizando alimentos bajos en nutrientes.

Dos años después de la primera entrevista, los adolescentes participantes en la investigación resultaron 50 por ciento más propensos a padecer sobrepeso y dos veces más vulnerables a la obesidad.

La exposición constante en redes sociales y una cultura que se enfoca en las celebridades y la moda han incrementado la presión en los jóvenes. 

Cada vez lo perciben a edades más tempranas, también sus preocupaciones aceleran su aparición. 

“Es alarmante”, indica la doctora Laura McGowan, de la organización Weight Concern, que busca evitar desórdenes alimenticios, “el peso no debería ser lo importante, sino comportamientos sanos que deben

comenzar en la infancia con padres que enseñan hábitos sanos a sus hijos”. 

Pero no todo son malas noticias. Según la doctora Nadia Micali, aunque los datos obtenidos con estudios de este tipo resultan alarmantes (sobre todo para los padres), también pueden proporcionar las herramientas necesarias para ayudar a los pequeños antes de que desarrollen desórdenes alimenticios. 

De hecho, su objetivo es obtener un conjunto confiable que prediga e indique a los padres si sus hijos se encuentran en riesgo. 

Sin supervisión

Uno de los mayores problemas de la obsesión con un cuerpo estético es que se solamente se piensa en tener la mejor apariencia y los adolescentes preocupados por el tema no piensan en su salud y optan por alternativas que les hacen más daño que beneficio.

De acuerdo al estudio de las universidades londinenses, 26 por ciento de las niñas y 15 por ciento de los niños han recurrido a comportamientos asociados a desórdenes alimenticios como omitir comidas, pasar varios días sin consumir calorías o incluso tirar alimentos a la basura.

Cuando volvieron a contactarlos dos años después, estos tenían 40 por ciento más probabilidad de tener sobrepeso por los daños al organismo que sus hábitos ocasionaron.

A pesar de la ansiedad, menos de 0.25 por ciento de las niñas y 0.16 por ciento de los niños reportaron usar laxantes o provocarse el vómito para perder peso. Sin embargo, que el origen de los datos sean sus padres puede influir en estos resultados.

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