El año pasado, muchos nos preguntábamos porqué mujeres como Marielle Heller o Patty Jenkins no fueron nominadas a Mejor Directora en los Premios Oscar de la Academia, cuando se le dio apertura a producciones plásticas y baratas como Black Panther (Ryan Coogler, 2018).

En esa edición 91, la crítica internacional desdeñó a los integrantes de la Academia por haber ignorado a la cineasta Marielle Heller y su excelente trabajo de dirección en su entonces película ¿Podrás perdonarme?

Este año, Heller regresa al cine con su nueva obra Un buen día en el vecindario, en un contexto en el que las mujeres con derecho a voto en los Premios Oscar sólo representan el 30 por ciento del total de los integrantes.

¿DE QUÉ VA?

Cuando al periodista de Lloyd Vogel, de la revista Esquire, le asignan entrevistar al presentador de un conocido programa de televisión para niños, Fred Rogers, sus conflictos personales y familiares saldrán a flote en su vida.

LO BUENO: LA CONMOCIÓN E INTERPRETACIÓN

Fred Rogers era un presentador de televisión infantil que tenía un fuerte vínculo con los niños, a quienes les enseñaba de valores y sobre la importancia de las emociones.

Siendo un ministro cristiano, Rogers impactó en la educación de varias personas de los Estados Unidos, quienes declararon que sus enseñanzas acerca del amor y el perdón a través de títeres, u otros métodos, tuvieron un efecto en su forma de comportarse durante su vida adulta.

Como si del destino se tratara, Tom Hanks encarna a aquel hombre de figura amable, suéter de abuelito y pantalones casi siempre color caqui, como de antaño.

Lo anterior es sólo el producto tanto de un buen actor como de una buena cineasta, Marielle Heller, quien confiere un carácter sumamente emocional a cada uno de sus actores y actrices.

Con cinco nominaciones al Oscar, dos de ellas ganadas, Tom Hanks asegura un trabajo completo y eficaz en cuanto a la actuación se refiere. Al interpretar a Fred Rogers, Hanks no sólo gesticula como aquel hombre sino que su estilo se percibe durante todo el largometraje.

Una amabilidad que perturba y consejos sabios de abuelito son las dos espadas con las que Hanks llega a nuestro corazón y nos saca lágrimas casi a la fuerza.

La conmoción y emotividad con que Un buen día en el vecindario juguetea llevan al espectador a tener una introspección y análisis sobre la calidad de sus relaciones interpersonales.

Temas como el perdón, la muerte, el rencor y el dolor orbitan constantemente en el discurso de la película, en la que el periodista Lloyd Vogel va por una entrevista con Fred Rogers y se encuentra con algo totalmente distinto.

De ahí que el filme sea certero en presentar, hasta de una forma infantil y cursi con un piano que tambalea entre notas dulces, una parte de las enseñanzas de Rogers, quien debutó en la televisión estadounidense en febrero de 1968 y grabó su último episodio en diciembre de 2000.

LO MALO: SU FUGACIDAD

Hay que decir que la cinta se caracteriza por un ritmo inusual y hasta extraño- hay secuencias de juguetes y títeres algo extrañas- y esto conlleva a que sea fugaz en cuanto a su legado y, por supuesto, calidad cinematográfica.

No habría desconcierto si, en realidad, la cinta pasa al olvido por su temática y contenido, ya que expresa un trabajo de planos bien hechos pero intrascendentes.

De hecho, para ser honestos, la película apunta a una buena reflexión más que una disrupción o aporte al ámbito cinematográfico, por lo que sobresale más en su reflexión ética que en cualquier otra cosa.

Por tal razón, es probable que los miembros de la Academia demeriten, desafortunadamente, el trabajo de Heller, quien a pesar de esmerarse en el desempeño de sus personajes, estos llegan a ser anticuados con sus valores cristianos en un mundo donde cada vez es más complejo el bien y el mal, así como la línea que los divide.

RECOMENDACIÓN: 4 ESTRELLAS DE 5 (BUENA)

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