Los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett, creadores de ‘Boda sangrienta‘ (2019), se aventuraron a retomar la saga de Wes Craven y Kevin Williamson y dirigir una nueva entrega: Scream 5 o simplemente llamada SCREAM.

Con cuatro películas de la saga, y con la muerte del cineasta Wes Craven, estos dos directores apasionados por el cine de terror tomaron el reto de traer a las nuevas generaciones una de las cintas que mejor maneja la meta ficción.

Ante ello, lector, te comparto lo bueno y lo malo de la nueva cinta.

LO BUENO:

Lo primero que me gustaría recalcar es que la película es totalmente contemporánea ya que referencia muchos de los títulos de terror que prevalecen hoy en día.

Por ello es que tanto la meta ficción como el meta cine implementados por Craven y Williamson en la saga se vuelve a rescatar pero de una manera totalmente fresca y actualizada.

Encontramos, entonces, una sátira de los niveles de terror que existen hoy en día: películas de terror baratas que no infunden miedo, cine de terror psicológico y ensayos cinematográficos de profundidad reflexiva como las obras de Robert Eggers.

Me agradó que tanto Matt Bettinelli-Olpin como Tyler Gillett sean conocedores del tema y no tornen su película en un discurso pretencioso sino en un ensayo divertido.

Si bien se utilizan modismos y costumbres actuales, también se aprovecha de manera orgánica el choque de generaciones y las herramientas tecnológicas de la actualidad.

También hay un claro homenaje a Wes Craven por medio de la recreación de planos y secuencias de la primera cinta. No se trata de una réplica sin sentido sino de referencias con significado.

Lo anterior se potencia, aún más, para los cinéfilos que son amantes de la saga pues varias de esas referencias son fácilmente identificables.

De tal manera que con Scream 5 se establece toda una cultura terrorífica alrededor de la saga, con personajes, frases y reglas que rigen a todas las cintas.

LO MALO:

En cambio, lo que no me gustó es que hay un exceso de drama pues por momentos se convierte en una película cursi. Y para ello también se toman muchas libertades en el guion.

Las libertades de guion provocan que la película también pierda cierta coherencia a lo largo de las secuencias; mientras que el personaje de Sidney Prescott pudo dar para más.

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