Hay propuestas que llevan a pensar no sólo en espacios libres de violencias para las mujeres en Internet, como el hackfeminismo.

En el mundo digital también está presente la lucha del feminismo y, con ello, el surgimiento de nuevas herramientas y reflexiones en torno al uso que se le da a la tecnología. Las y los nautas interlanzan datos diariamente a la web sin cuestionarse a quién benefician, que puede ser desde vendedores hasta extorsionadores y cibercriminales, la red permite el uso de información sin el consentimiento del usuario.

En los últimos años se ha posicionado un movimiento llamado hackfeminismo, el cual surge para combatir la violencia digital, así como abrir las posibilidades y reflexiones sobre los equipos tecnológicos para, así, tomar medidas de protección de los datos personales.

De acuerdo con Irene Soria Guzmán, líder de Creative Commons México, académica y activista del movimiento del software y cultura libre, el hackfeminismo es un término reciente que, al no venir de la Academia, se está construyendo, y se refiere a la apropiación tecnológica desde una postura feminista, pero no sólo por su uso instrumental, sino busca conocer realmente cómo funciona desde su construcción.

“Es un término que proviene de la palabra hacker, pero no de la imagen negativa como se ubica en los medios masivos, de esta persona que se entromete en las cuentas, nosotras lo hacemos desde la cultura del hacker de los años 60, que era este grupo de personas entusiastas del cómputo que resolvían problemas y aprendían por sí mis mas”, aclara Soria Guzmán.

Desde el origen de la cultura hacker

En este sentido, el hackfeminismo retoma el punto original del hacker, el cual tiene que ver con conocimientos que van desde cómo funciona un equipo de cómputo hasta programación.

Se une con el feminismo cuando se visibiliza la diferencia de géneros y la desigualdad que ha existido durante muchos siglos.

A partir de este punto, con el hackfeminismo se busca que las personas usen o, al menos, volteen a ver a las tecnologías y softwares libres, que permitan ver el código de programación y así saber y autorizar, o no, los datos proporcionados para su uso.

Se trata, agrega la especialista, de voltear a ver cómo funcionan, cuestionarse y, a partir de ahí, tomar decisiones propias. Preguntarse qué herramientas y cuáles son los medios que se están utilizando para ejercer las luchas feministas.

“Evidentemente, las redes socio digitales: Instagram, Facebook, Twitter, han servido para llevar el feminismo a muchos otros espacios, sin embargo, nosotras planteamos ‘sí, pero aguas, porque estas redes no son públicas’. Son fáciles, ahí dejamos nuestra vida, deseos, sexualidad, pero no sabemos a dónde van nuestros datos y qué hacen con nuestra información. Lo intuimos, nos venden un montón de productos, no obstante, es mucho más preocupante de lo que creemos”, agrega.

Irene abunda que en la web no sólo se dejan estos datos sino una gran cantidad de información que tiene valor en la sociedad y da libre acceso a empresas y a monopolios.

“Lo que está sucediendo es que no nos estamos apropiando del todo de nuestra tecnología, la utilizamos de manera instrumental, y para lo que no están pensadas como movimientos sociales y demás, pero insisto, cada una de nosotras estamos sesgados por el famosísimo algoritmo, y de pronto se vuelve el nuevo Dios, nunca nadie lo ha visto, nadie sabe cómo es, pero está”, opina.


“En el mundo tecnológico hay otras posibilidades, saber que sí podemos decidir ser anónimos en Internet, sacar otro correo electrónico, que existen otro tipo de softwares, no tenemos que atenernos a un pago de licencia y a lo que estas empresas quieren”

Irene Soria Guzmán

Activista

Conocimiento, uso y reflexión del hackfeminismo

A través del uso del algoritmo, la datificación y automatización de los procedimientos orientados a la toma de decisiones y la resolución de conflictos en todos los ámbitos imaginables perfilan nuevas técnicas de control y vigilancia, tanto en las redes sociales como en las búsquedas por Internet.

“Los mecanismos y aplicaciones que hacen que todo sea más fácil y más rápido tienen que ver por una gobernanza algorítmica, tenemos una burbuja epistémica, es decir, vemos lo que necesitamos ver. La gran problemática es que hay que poner el dedo en empresas como Google, Facebook, Apple, Amazon y Microsoft, las cuales han decidido cerrar el código y no dejarnos ver algoritmos sumamente complejos, no sabemos qué hacen, lo intuimos, medio nos asustamos, creemos que es el destino, pensamos que nos leen la mente, pero no es más que ciencia aplicada”, puntualiza.

Por eso, añade Irene, es necesario que como usuarios se reflexione sobre cómo se emplean estas herramientas, a las cuales, además, se les deben poner nombre y rostro. Pero, ¿qué hacer cuando todo parece que sucede desde las redes sociales centralizadas, más durante este periodo de pandemia, mucha de la introspección llega a estos espacios?

La líder de Creative Commons México comparte que se pueden hacer muchas cosas, desde lo micro hasta lo macro, todo depende de las posibilidades y el criterio propio. Una primera acción reveladora es ya saberlo, detenerse y pensar dos veces cómo se usan las redes.

“Retomo lo que proponen los autores Nick Couldry o Ulises Mejías, quienes hablan del colonialismo de datos, donde no sólo extraen nuestros datos, sino que existen prácticas colonizadoras. Ante ello se debe reconocer y hacer las cosas de un modo distinto, yo agregaría una veta feminista, el hecho de que ya se interesen en el tema, se hable de manera más abierta, como pasó en la pandemia, cuando muchos migraron de WhatsApp a Telegram”, retoma.

En los 10 años que Irene se ha dedicado al análisis del software libre, ha visto que en ese tiempo ya hay un mayor cono cimiento, lo que se convierte en un primer paso para que los jóvenes tomen el control y sepan que hay más opciones, alternativas y un uso más seguro de la red.

“Una de las cosas que caracterizan a los mecanismos de opresión es que no haya posibilidad de decidir, sin embargo, sí la podemos tomar, parece difícil, pero hay opciones. Saber que sí hay gente que sobrevive sin Gmail, muchos lo hacen como plantea miento político, quienes no tienen Facebook, y hay otras herramientas que nos acercan hacia otra forma de ver la tecnología; como lo es toda cosa que se contraponga a la hegemonía, como cultivar los propios alimentos, cualquier cosa que intentes hacer des de tu pequeña lucha es andar contracorriente”, expone.

No ser el producto

Uno de los ejes del hackfeminsimo es imaginar y vislumbrar cómo sería que las personas no fueran necesariamente consumidoras de tecnología, sino hacedoras de esta, pero no desde la acotación capitalista y del marketing.

“Nosotras tenemos el poder, porque sin nosotras se acaba el negocio. Cuando nos damos cuenta que somos el ‘producto’ hay que movernos de ahí y ponernos en el lugar del sujeto que toma las decisiones. Pensar que las tecnologías sí tienen cara, intención y un postulado político, y no necesariamente nos está beneficiando como comunidad”, aclara Soria Guzmán.

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