Mientras sucede el puente del 16 de septiembre en México, y vemos que la cartelera tiene producciones nacionales, reestrenos de grandes franquicias Hollywoodenses, películas de anime que evocan a los 90 y más opciones diversas, también está un largometraje que está fuera del radar del público y del que poco se ha hablado incluso desde los medios.

Y es una pena, porque su director es un artista multifacético, que ha abarcado todo tipo de géneros, y quienes hemos seguido su carrera a fondo, vemos que es un auténtico estuche de monerías que siempre busca retarse a sí mismo, ese es George Miller.

Su opera prima fue Mad Max en 1979, y no descansó hasta completar su trilogía en 1985, coqueteó con el horror y la fantasía en Las brujas de Eastwick (1987), pasó al drama con Un milagro para Lorenzo (1992) y uno de los giros más inesperados en su carrera llegó en 1995 cuando produjo Babe: el puerquito valiente y dirigió la secuela en 1998.

Pasó casi una década y entonces Miller regresó con Happy Feet (2006) y Happy Feet two (2011), para después soltar el éxito que ahora todos recuerdan Mad Max: Furia en el camino (2015), y mientras todos pensábamos que el cineasta australiano se evocaría de inmediato a continuar el universo distópico de este personaje, resulta que en medio de la pandemia realizó una película que ahora se encuentra en salas.

Tal vez con un título desafortunado, tanto en inglés como en español, porque no representan enteramente la magnitud de la historia, Erase una vez un genio o Three Thousand Years of Longing (Tres mil años de nostalgia por su traducción del inglés) es un filme entrañable y de una perfección meticulosa, que lo hace hermoso en todos los sentidos.

Su trailer tampoco le hace justicia, porque más que una película de acción a como nos tiene acostumbrados Miller, esta es una cinta de reflexión, de introspección a la mera esencia de qué deseamos y quienes somos como especie humana.

El cineasta tomó el cuento The Djinn in the Nightingale’s Eye de la autora A. S. Byatt. De 1994, para adaptarlo junto a Augusta Gore en guion, y este es uno de sus proyectos más ambiciosos, porque desde finales de los 90 ya había adquirido los derechos para llevarla a cine, pero no había tenido la oportunidad de hacerla.

En la ficción conocemos a Alithea Binnie (Tilda Swinton) una narratóloga, vaya una académica que se dedica a estudiar a profundidad la génesis de las historias, los mitos y personajes que conforman los más grandes misterios de las crónicas universales, y en un viaje a Estambul, en un bazar, encuentra una botella de cristal olvidada por el paso del tiempo.

A la mañana siguiente en el cuarto de hotel donde se hospeda, observa y limpia con meticulosidad este artefacto, y para su sorpresa ocurre lo que parece imposible y solo es descrito en cuentos fantásticos, un Genio (Idris Elba) emerge del recipiente de vidrio, y está dispuesto a concederle tres deseos.

Alithea, cual estudiosa y escéptica de los poderes mágicos que confiere el Genio, lo cuestiona una y otra vez, porque sabe que las artimañas de estos seres fantásticos son peligrosas, pero él le explica y describe que es un dador de deseos sin dobles intenciones, y comienza a narrarle los tres mil años que ha vivido, cómo llegó a ser prisionero de la botella y quienes le han sacado de la misma.

Miller nos lleva de la mano a conocer estas historias maravillosas, dignas de los relatos de Las mil y una noches, él mismo reconoce que su filme tiene algo de esto, que es una herencia que viene del cuento original de A. S. Byatt.

“Se sentía único, algo que no podías encajar en ningún género pero que transmitía algo muy importante- debe ser mucho más de lo que parece. Hay historias dentro de historias, un poco como Las mil y una noches”, especifica el cineasta en las notas de producción de Erase una vez un genio.

El largometraje repasa pasajes de la historia con tintes de fantasía, Miller logra un universo sorprendente para esta narrativa, que pareciera que tuvieron que usar múltiples locaciones para lograr la película, la realidad es que todo tuvo que reducirse a hacerlo en estudio en Australia, porque cuando iban a iniciar el rodaje en marzo del 2020, todos sabemos lo que ocurrió.

Swinton y Elba ensayaron durante meses vía remota y en videollamadas para lograr entrar en personajes, incluso ya estando en Australia se decían las líneas de guion desde los balcones de sus habitaciones en el hotel, todo esto le impregnó un ritmo distinto e inusual a la ficción de Miller que fue filmada en noviembre del 2020.

Dicho sea de paso, el cineasta ya incorpora la realidad pandémica en Erase una vez un genio, lo que le da todavía otro toque extra de realismo, por ejemplo cuando Alithea se encuentra dando su conferencia en Estambul, la audiencia tiene mascarillas y ella misma la porta cuando está de vuelta en su natal Londres, desplazándose en transporte público.

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Miller logró atmósferas asombrosas, que se van develando una tras otra, todas al interior del cuarto de hotel de Alithea, mientras el Genio le va describiendo sus historias, que son recuerdos a manera de flashbacks y todas van pasando por idiomas acorde a la época.

El cineasta incluso sacó de su retiro al cinefotógrafo John Seale por segunda ocasión, quien ya se había jubilado desde antes de Mad Max: Furia en el camino, y ahora volvió para esta cinta, y desarrollar a fondo este mundo lleno de su propia mitología.

Erase una vez un genio llega antes de su próxima avalancha, Furiosa (2024), precuela y spin-off de la mencionada cinta del 2015, pero a diferencia de esta franquicia de Warner Bros, el largometraje que está hoy en salas tuvo un presupuesto independiente de 60 millones de dólares, mismo que no ha logrado recuperar en taquilla.

Esta producción estrenada el 8 de septiembre en México, ni siquiera figura en el top 10 de CANACINE con su recaudación de taquilla, a nivel global apenas ha recuperado 11 millones de dólares.

Erase una vez un genio es en definitiva un parteaguas en la carrera de George Miller, una historia que sumerge y cautiva, que merece verse en cines, por el paseo audiovisual que ofrece el cineasta, en sus relatos que envuelven y describen momentos únicos, que son universales y trascienden las barreras del tiempo, y esto lo hace posible el Genio, con su elocuencia y viveza que le describe a Alithea, y se emociona, por el solo hecho de ser testigo de algo nuevo en su vida: el desear un cambio radical e inesperado.