Cerca de 50 millones de personas en el mundo padecen Alzheimer y cada año se diagnostican nueve millones de casos, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cifras que la comunidad médica considera como la nueva epidemia del siglo XXI.

“La importancia de esta enfermedad es que es cada vez son más frecuente, va a ser una situación en la que todos debemos estar muy presentes, no solamente los médicos, sino la población en general”, comenta en entrevista el neurólogo Carlos Manuel Guerra Galicia, director de PRISMA, Centro de Atención Interdisciplinaria en Parkinson, Movimientos Anormales y Demencias.

La enfermedad de Alzheimer es neurodegenerativa, existen mecanismos cerebrales de pérdida de las neuronas o de las células que hacen que funcione el cerebro y progresivamente la persona pierda capacidades, particularmente, de la memoria, pero también de pensamiento y conducta.

“No sabemos por qué se genera, pero existe una serie de factores de riesgo como la acumulación de las proteínas tau y péptido beta amiloide de manera no normal en el cerebro, las cuales producen la pérdida de las neuronas. Los síntomas son problemas de memoria reciente, que la persona no encuentre las palabras adecuadas para decir algo, falla de orientación espacial y de razonamiento o emisión de juicios”, explica.

Si bien, no es una enfermedad hereditaria, los casos de herencia ocurren en el 10 a 15 por ciento. Además, es mucho más frecuente en mayores de 60 años, aunque pueden existir en edades más tempranas.

“Sabemos que personas de más de 60 años, en un seis o siete por ciento ya tiene un deterioro cognitivo, que es un estado previo a la demencia; y un cuarto de los pacientes de más de 80 años ya tienen deterioro y riesgo para padecer Alzheimer”, especifica.

Alzheimer y COVID-19

El neurólogo explica que durante el confinamiento debido al COVID-19, los pacientes empezaron a manifestar síntomas de falla de memoria.

“Un punto que está por definirse es si el virus por sí mismo puede impactar en mayor frecuencia, porque uno de los mecanismos de pérdida vital de las neuronas es precisamente por procesos inflamatorios. Este virus produce gran inflamación cerebral, no solamente por un proceso trombótico, sino la cascada de oxitocinas, la cual es una reacción importante que puede ser de gran impacto a mediano plazo”, relata.

Hasta el momento no han tenido casos derivados directamente por el virus, pero sí han visto que las personas al tener menor interacción social, depresión y ansiedad pueden presentar una mayor falla cognitiva.

“Hay algunos que han presentado falla cognitiva después del COVID, estamos en una etapa de seguimiento de pacientes, algunos sí se recuperan, otros reportan que tienen disminución en la velocidad de procesamiento mental persistente y problemas de atención. Todavía no sabemos si estas personas van a desarrollar demencia como tal o Alzheimer”, recalca.

Para Guerra Galicia es indispensable sensibilizar a toda la comunidad en la detección temprana, pues es la clave para su intervención. Así como no normalizar que los mayores de 60 años presentan olvidos y problemas de orientación.

Hasta el momento no existen medicamentos que ataquen directamente a la enfermedad, pero sí existen estrategias que ayudan a aminorar la enfermedad, como un estilo de vida saludable, actividad física, una alimentación rica en antioxidantes y el cuidado de la salud mental.

“Cualquier persona que empiece a presentar fallas de memoria tiene que evaluarse y de esa manera saber por qué razón ocurre. Al cerebro le gusta resolver cosas, estamos hechos para aprender, si desarrollamos una manera en la que la gente siga aprendiendo va a tener un impacto mayor en nuestra prevención contra la enfermedad”, recomienda.

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