Un mundo onírico, de fantasía, viajes estelares y una rosa será representado gracias a la compañía de danza Ardentía, en el Teatro de la Danza Guillermina Bravo del Centro Cultural del Bosque.

El niño que cabalga asteroides es la pieza coreográfica creada por Reyna Pérez, quien se inspiró en El Principito, de Antoine de Saint-Exúpery para acercar a los espectadores a una de las historias literarias más emblemáticas en el mundo de las letras universales que ha enseñado tanto a niños como adultos la profundidad humana, así como no perder la capacidad de imaginar y soñar.

De acuerdo con Pérez, el montaje, más que una interpretación, es una apuesta artística a la búsqueda, el hallazgo y el encuentro con uno mismo. Si bien aclara que no intentó hacer una narración literal, considera oportuno destacar que a través de su obra. reconoce el legado del autor.

“Nuestra historia busca homenajear al célebre “Principito” de Saint-Exupéry, obra que desde 1943 hasta la fecha, nos reencuentra con la belleza de una puesta de sol, el canto del agua cristalina y lo que las fragancias de una flor única significan en nuestra existencia”, platica.

Danza Hacia la imaginación

Sobre el proceso creativo, la también maestra de la Compañía Nacional de Danza del INBAL, explica que estructuró una pasarela donde convergen lo clásico y lo contemporáneo, lo circense y lo solemne, donde cada asteroide es un microcosmos de música y danza de distintas geografías.

“Aquí se encuentra el significado de algunas situaciones, se potencian ciertos personajes e, incluso, se actualizan determinados elementos estéticos, para construir una nueva historia; sin embargo, en el discurso original, aquello esencial que no puede ser visto por los ojos, sino con el corazón, se mantiene intacto, para que el espectador disfrute y acompañe a nuestro niño en su cabalgata por los asteroides”, explica.

Este montaje se enriquece de otras disciplinas artísticas como el circo, el teatro y la música, de ahí que sea una propuesta multidisciplinaria detonadora de impactantes imágenes oníricas protagonizadas por 14 bailarines en escena. Sobresale la musicalización y edición de Crescencio Luviano y Joaquín López “Chas”, la escenografía y vestuario de Mauricio Asencio, y la iluminación de Rafael Mendoza. Pérez, quien en 2015 recibió los reconocimientos “Una vida en la Danza” y otro por 40 años de servicio al INBA, se dice satisfecha de su propuesta, ya que además de los logros escénicos, conlleva un gran mensaje.

“Es una obra que nos invita al recuerdo de la infancia, de aquellos libros fantásticos y aquellas imágenes oníricas que nos hacen recordar que la inocencia y el asombro entre la vida son capacidades aún latentes en nuestro interior”, apunta Reyna Pérez.

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