Si pudiéramos hacer un viaje al pasado descubriríamos que la música siempre ha estado presente en la historia de la humanidad, por que antes de establecer un lenguaje, los seres humanos descubrieron el ritmo. 

Fue el latido del corazón el primero en marcarlo.

Hoy en día todo el avance tecnológíco nos distrae de descubrir aquellos ritmos que suenan cuando interactuamos con nuestro cuerpo. Ahí es donde “Mamasonika” intenta comunicar los  mensajes sonoros que nuestro cuerpo es capaz de emitir y que al unirlos hacen música.

La peculiar banda de cinco mujeres comprometidas con las raíces mexicanas, decidió confabularse para mezclar sonidos emitidos por el cuerpo y mezclarlos con la voz y la danza para amalgamar la música que surge de todo eso.

“Con motor así de cinco cabezas, y cinco corazones, que tiramos y eso hace que suceda” comenta Hai von Son, quien sonríe con complicidad al voltear a ver a sus compañeras de juego.

El proyecto ha llevado sus repertorios musicales a los lugares donde se pueda encontrar la convivencia y transmitir un mensaje de esperanza y alegría, siempre en pro de jugar y descubrir lo que el cuerpo tiene para expresar.

Mariel Henry, comenta que en las canciones que interpretan hay de todo, desde canciones sutiles, melancólicas, con profundidad en las letras pero que lo mejor es que hay unas partes dentro de sus presentaciones de mucho juego, que les permite hacerse niñas para alcanzar la diversión y fomentar las ganas de golpearse el pecho con la mano izquierda y pegarse en el muslo con la otra mano y generar esa comunión con la música.

Tienen en común que las cinco integrantes de Mamasonika son madres, y como tal los ensayos siempre están acompañados de sus hijas e hijos, que  también forman parte en ocasiones de la comunidad.

“Debido a que cada quien vive en puntos distintos de la República, tuvimos que capitalizar nuestros encuentros, por eso creamos el hacer talleres para que la gente aprenda hacer música con su cuerpo. No somos como cualquier grupo que se junta tres o cuatro veces por semana dos horas, mas bien una vez al mes tres días o cuatro” comparte Leika durante un descanso en el ensayo en su casa para preparar una gira por la riviera maya que les ocupara la primera mitad del mes de marzo.

Karina Gutiérrez, Leika Mochan, Julieta Abdala, Mariel Henry y Hai von Son, reúnen en un mismo espacio el poder de la danza, junto a la percusión corporal y la voz, ayudados de instrumentos ancestrales para crear historias y ritmos diversos junto con la interacción con el publico para en cada presentación o taller convertir en momentos mágicos con libertad y conciencia.