Todos saben que “los caballeros las prefieren rubias” y que “los diamantes son los mejores amigos de una chica” gracias a las interpretaciones de Marilyn Monroe, pero poco se sabe del pasado y de quién fue Norma Jeane Mortenson.

El cineasta neozelandés Andrew Dominik lleva más de una década planeando traer a la pantalla grande esta doble visión: de quién fue la artista y quién era la mujer, de la dualidad que escondía.

La rubia más famosa siempre estuvo rodeada de problemas, en su infancia vivió violencia y de adulta los chismes y prejuicios no la dejaron vivir; sin embargo, ella tuvo que aparentar ser el estandarte femenino perfecto, un símbolo único de Hollywood.

Basándose en la novela publicada en el 2000 Blonde, de Joyce Carol Oates, Dominik realizó un largometraje de 166 minutos en donde explora a Norma Jeane Mortenson, previo a que se convirtiera en Marilyn Monroe, y cómo es que esta dualidad convive en un camino siniestro de problemas mentales, abusos sexuales y uso de drogas, tratando de cuidar la imagen de la rubia perfecta.

“Marilyn era la persona más famosa del mundo. Pero Norma, a causa de eso, se volvió la persona más invisible del mundo, y esa es la historia que queremos contar”
Ana de ArmasActriz

La autora elogia, e incluso, se siente satisfecha con la versión que Dominik entrega en la pantalla, que tuvo su premiere mundial en el Festival Internacional de Cine de Venecia y que ahora está disponible en Netflix.

“Dominik ha capturado la realidad alucinatoria inconexa y distorsionada de la novela con un ojo feminista inquebrantable: nada sentimental aquí, nada de ‘sentirse bien’, sino algo mucho más valioso y digno de respeto en la vasta mente colectiva de la cultura popular: una ser verdadero, crudo, dolorosamente honesto, un alma expuesta, no una estrella del pop sino uno de nosotros, transformado”, describe Oates.

La película ha sido controversial debido a que obtuvo la clasificación NC-17 en Estados Unidos, convirtiéndola en la primera producción en obtener este señalamiento para un sistema de streaming, lo que significa que solo mayores de 17 años la pueden ver. Antes de 1990, esta era una clasificación X, dígase pornográfica y en México su equivalente actualmente sería D.

Pese a que lo que se muestra en pantalla, solo son desnudos frontales de Ana de Armas, uso sugerido de drogas, acoso y abuso sexual, y cómo es que Monroe vive tres abortos, uno de ellos espontáneo y los demás inducidos, medios estadounidenses han especulado que la clasificación NC-17 busca ser restrictiva, por cómo es que se deshumaniza a la rubia más famosa del mundo.

Ante toda esta controversia, tanto Oates como Dominik han expresado que Blonde es una obra de ficción y no una biografía ortodoxa de la artista; al mismo cineasta se le ha cuestionado, de manera especulativa, sobre qué pensaría Monroe al ver su filme.

“Me gusta creer que ella pueda ver que la película fue hecha con amor. Que está de su lado. Ella era una persona extraordinaria. Tenía una de las mejores frases sobre ser una celebridad al decir: ‘cuando eres famoso, siempre te encuentras en el inconsciente de la gente’, lo que significa que la gente nunca la vio a ella.

“Solo ven la imagen que está en su cabeza de lo que perciben que ella fue. Al mirar el mundo a través de sus ojos, podemos aprender más sobre cómo debe haber sido estar en su posición. Entendió claramente que la mayoría de las personas interactuaban con una fantasía que llevaban dentro”, agrega el director de Nueva Zelanda.

Blonde actualmente mantiene una crítica baja en el sitio especializado Rotten Tomatoes, donde la prensa le ha otorgado un 52 por ciento de 100 y los cinéfilos apenas le dan un 46 por ciento; habrá que esperar si con su estreno en Netflix se le otorgan mejores números.

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