Parece que la música contemporánea ha adquirido una nueva clase de respeto de parte de la denominada “alta cultura”. 

Lástima que el sociólogo francés Pierre Bourdieu ya no vive, en un descuido con los conciertos –o presentaciones– que se han hecho en museos como el MoMA y ahora en el Tate Modern, podría actualizar su libro “La distinción. Criterio y bases sociales del gusto”. 

Y no me refiero a instalaciones como “Playing the Building” de David Byrne, en donde el ex Talking Heads convirtió la estructura de una terminal de ferry abandonada en Nueva York en un gigantesco instrumento musical, conectando ciertas partes del edificio con un órgano central.  

La más reciente e importante conjunción entre arte visual y música en un museo es cortesía del legendario grupo alemán Kraftwerk. 

Lo que inició como una residencia única en el MoMA de Nueva York ahora se expande en 2013 para llevar durante ocho noches su catálogo discográfico en vivo al Tate Modern de Londres. 

La residencia incluye “visuales y efectos espectaculares en 3D” para acompañar la música de una de las bandas más influyentes en la historia reciente de la música contemporánea. 

Los que tuvimos la oportunidad de verlos en el Foro Sol junto a Radiohead hace un par de años, sabemos de lo que son capaces de hacer visualmente los alemanes; ahora imagínenlo en uno de los museos de arte contemporáneo más importantes del mundo. 

Pero no solo grandes nombres como Kraftwerk pueden llevar música a los museos, basta ver la lista de bandas que se han presentado en el MoMA PS1: desde Chairlift hasta Andy Stott.