Este 14 de septiembre, el ataúd que contiene los restos de la reina Isabel II fue trasladado de Buckingham al Palacio de Westminster.

En un camino que implicó su paso por Queen’s Gardens, The Mall, Horse Guards y Horse Guards Arch, Whitehall, Parliament Street, Parliament Square y New Palace Yard, el féretro llegó hasta este sitio.

Como parte de la denominada “Operación León”, los restos de la monarca inglesa fueron trasladados en un carruaje de artillería tirado por caballos.

Tanto el rey Carlos III, como sus hermanos y otros miembros de la familia real británica, participaron en esta procesión.

Cuando comenzó el camino de Buckingham a Westminster, en Hyde Park se dispararon salvas cada minuto, además de que en todo momento sonó la campana del Big Ben.

Tras su llegada al palacio de Westminster, los soldados de la Guardia de Granaderos colocaron el ataúd en un catafalco, una especie de base para mostrar el ataúd durante un funeral.

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Después de la misa oficiada por el arzobispo de Canterbury, Justin Welby, las puertas de este palacio fueron abiertas para que los ingleses entraran a despedirse de la reina.

El ataúd permanecerá en este sitio por cuatro días, hasta el funeral de Estado, previsto para el próximo 19 de septiembre, y el entierro de la monarca, el cual se llevará a cabo en la Abadía de Westminster.

Miles de personas hacen fila alrededor de este recinto para despedirse de quien fue la monarca británica por 70 años.

Incluso, el gobierno del país emitió una serie de recomendaciones para los asistentes, como llevar: comida, bebida, celulares bien cargados, medicación básica, entre otros objetos que pudieran requerir.

En la fila para ver a la reina estará prohibido apartar lugares o formarse en lugar de otras personas, pues se entregarán pulseras amarillas, las cuales tendrán que ser exhibidas antes de entrar al recinto.