El involucrarse dentro de su comunidad, haciendo labor humanitaria en Canadá, es el camino que ha seguido Amber Bracken para hacer fotoperiodismo de denuncia, con el que expone los problemas que vive específicamente la Columbia Británica.

Desde 2014, ella ha sido cercana a organizaciones civiles que ayudan a niños que están en una situación de riesgo, el 90 por ciento pertenecen a grupos étnicos que sufren algún tipo de violencia doméstica.

Desde el siglo XIX, hasta principios de los años 70, a más de 150 mil niños indígenas se les obligó a asistir a escuelas religiosas como un programa de asimilación y adoctrinamiento, para pertenecer a la sociedad canadiense. Los menores de edad eran convertidos al cristianismo y se les prohibía hablar sus lenguas nativas, además de que vivieron abusos sexuales y verbales, entre otros, incluso llegando hasta la muerte.

Así como para Bracken, esta historia permanecía invisible para miles de ciudadanos de Canadá, por lo que ella quería hablar de lo que estaba pasando, lo que hizo a través de su lente, dándoles una imagen, rostro y voz de este daño histórico que todavía siguió pasando hasta que cerró la última escuela de conversión en 1996.

Lo que fue de nuevo un detonante en la comunidad originaria canadiense Tk’emlúps te Secwepemc fue que encontraron 215 cuerpos de niños sin identificar, enterrados en las inmediaciones de lo que fue una de estas escuelas de conversión cifra que se suma a los más de cuatro mil niños previamente registrados como desaparecidos bajo las mismas circunstancias.

Ante esta indignación, en la carretera 5 de Columbia Británica, cerca de la escuela residencial de Kamloops, personas hicieron un memorial simbólico para estos niños, donde pusieron cruces pequeñas con vestidos rojos, y así mostrar su duelo.

Bracken fue conducida hasta el lugar por Matt Casimir, miembro de la comunidad, y logró retratar las cruces de manera particular, después de una lluvia y teniendo como fondo un arcoíris. La postal logró trascender, hasta convertirse en la Foto del año 2022, en el concurso World Press Photo.

“Cuando saqué la foto de ese memorial, una de las mujeres que lo creó, Snutetkwe Manuel, porque fue hecho en comunidad, me dijo que lo pusieron ahí, a un lado de la carretera, porque querían que la gente no lo evadiera, que ellos vieran esta representación física de los niños, así no podrían ignorarlo, y veo mi rol en esa foto, en apoyar esa misión”, describe Bracken, en entrevista para Reporte Índigo.

Pese a que ya no existe este tributo, la imagen quedó inmortalizada y le ha dado la vuelta al mundo con la exposición de World Press Photo, pero ahora la labor para Bracken continúa como fotoreportera, exhibiendo lo que pasa, sobre todo en su misma comunidad.

“Esa es mi labor, que la gente no se quede atorada en los sentimientos del malestar, que escuche a la comunidad y continúe adelante, a pesar de sentirse incómoda. Me gusta ver mi trabajo como que yo sirvo a las historias, y creo que ese es nuestro trabajo como periodistas, que todo lo que hemos aprendido es para estar al servicio de lo que encontramos, porque validamos y reconocemos que hay algo importante en el mundo que necesita más atención”, reflexiona la fotógrafa.

Actualmente y a futuro, Amber Bracken tiene en mente seguir documentando el trauma intergeneracional, y le interesa ver lo que han perdido los inmigrantes blancos, al conquistar y tomar territorios que no les pertenecían, porque ella misma, al ser de origen caucásico, se cuestiona esta conexión interracial que ocurre en Canadá y las relaciones culturales que se han hecho con el paso de las generaciones.

Amber Bracken, aceptando la validación, pero yendo por más

Al ganar en el World Press Photo de este año, Amber Bracken admite que este será un gran momento para su carrera, y está disfrutando del momento, porque ella está en una constante búsqueda de superar su trabajo y sabe que este instante de éxito se irá rápido.

“Es una validación el tener un jurado de esta magnitud que te dice que has hecho algo bien, esa parte es muy buena, sin embargo, tengo sentimientos encontrados, porque también llega una gran responsabilidad con todo esto y no es tan simple como ‘hice esto y ahora soy excelente’, porque ahora es tener una conversación importante de lo que sigue ocurriendo allá afuera”, expresa la canadiense.

Para lograr la foto ganadora, la reportera comenta que fueron apenas 10 minutos los que tenía para lograr el momento, aunque esto parecía ser más tiempo, ella tomó su cámara Canon y empezó a disparar, alrededor de 50 imágenes fueron las que obtuvo de esa experiencia.

“Había una urgencia por tomarla, los arcoíris no duran tanto tiempo, estaba tratando componer la imagen a contrarreloj e intenté distintas formas y maneras de lograrla, además era un momento muy especial, era EL momento, solo en ese instante es que se podía lograr por todos los elementos en conjunto, en mi mente tenía la idea de ‘no lo eches a perder’, entonces me concentré en tomar las cruces y que estuvieran en foco”, puntualiza.

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