15.5

millones toneladas de comida desperdiciada en México (hasta 2012)


Congelar los alimentos es una excelente forma de extender su vida útil. En el caso de pollo y el pescado, es necesario meterlos al congelador no más de uno o dos días después de su compra


En México, para los productos que duran menos de tres meses, se deben señalar el día y  mes (de vencimiento). Para aquellos que tienen una vida de mayor duración, se especifican el mes y el año

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A todos nos ha pasado. Cada cierto tiempo limpiamos el refrigerados y desechamos –o no– alimentos basándonos en la fecha que tienen impresa en alguna parte de su empaque.

Inmediatamente tememos abrir una caja de leche y que un olor insoportable salga de ella. Y en más de una ocasión, nos hemos sorprendido cuando, a pesar de la fecha impresa, el líquido parece estar en perfecto estado, por lo que su consumo no causará daño alguno.

Recientemente se anunció la apertura de un nuevo concepto de supermercado en la ciudad de Boston, en Estados Unidos (EU), pero no será un establecimiento común, como los que se jactan en su publicidad de contar con los productos más frescos.

Este supermercado se dedicará a vender productos después de su fecha de expiración, por muy increíble que parezca, esta medida trae consigo una tendencia que podría ayudar a combatir los problemas de salud, nutrición, pobreza, hambre y economía que aquejan al mundo.

Esta propuesta nació en respuesta a los 48 mil millones de dólares en comida que puede ser consumida de manera segura y que se desecha anualmente en ese país.

En México, según las cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), se desperdiciaron 15.5 millones de toneladas de comida. El 27.3 por ciento en cereales, 24.1 por ciento en maíz y 9 por ciento de frutas.

En este espacio hemos aludido a esas cifras que no solo son alarmantes, sino que también forman parte de los daños colaterales a causa de la escasez, que a su vez incrementan los factores de riesgo para que cada vez más personas sufran de hambruna crónica, en todo el mundo.

La FAO informó recientemente que entre los años 2011 y 2013, 842 millones de personas sufrieron hambre crónica.

De acuerdo a un informe de Dana Gunders, investigadora del Consejo Nacional para la Defensa de Recursos Naturales (NRDC), organización que analiza las políticas de salud, gran parte de la comida que está “vencida” o “expirada”, todavía está en perfectas condiciones para su consumo.

La BBC señala que el informe indica que, al menos en EU, “este enrevesado sistema no está logrando lo que se pretendía con el etiquetado: aportar un indicativo sobre la frescura de los productos”.

“En cambio, crea confusión y lleva a muchos consumidores a creer, equivocadamente, que las fechas impresas indican seguridad microbiológica de la comida, lo que indebidamente reduce la importancia de indicadores de seguridad alimentarias más pertinentes (…) la confusión también conduce a una considerable cantidad de desperdicio de comida evitable”.

Todo está en las palabras

Las regulaciones sobre las etiquetas de la comida no son tan precisas como pensamos. En EU, por ejemplo, solamente es obligatorio declarar la fecha de expiración de los alimentos para bebé. Todo lo demás es “voluntario” y refleja las decisiones de la marca.

En México no fue hasta el 2010 que se estableció una regulación al respecto. Es por eso que hay variedad en estas señales, desde el “Consúmase antes de”, hasta el “Fresco hasta”. Actualmente existen dos frases cuyo significado está establecido en la ley: la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente.

La primera es precisamente lo que nos imaginamos al leerla. Según las normas de etiquetado –que son distintas a las de EU, la fecha de caducidad, en nuestro país, es la fecha límite en la que es seguro consumir un producto, porque después de ella se reducen o eliminan “las características sanitarias y de calidad que debe reunir”.

Es decir, que si las palabras “Caducidad”, “Vencimiento” o “Expiración” están junto a la fecha que ya pasó, estás en lo correcto al desechar ese alimento.

Pero la fecha de consumo preferente es un poco más compleja. La misma regulación la define como “fecha en que, bajo determinadas condiciones de almacenamiento, expira el periodo durante el cual el producto preenvasado es comercializable y mantiene las cualidades específicas que se le atribuyen (…) pero después de la cual el producto preenvasado puede ser consumido”.

Bajo esta clasificación caerían situaciones como abrir un yogur que ya tiene algo de agua encima, un queso que está un poco más amargo de lo normal o una gelatina que está demasiado sólida o suave. El sabor, la consistencia o el color pueden ser distintos.

Quizá no es la condición ideal en la que te gustaría comerlo, pero no dañará tu salud si lo haces.

En México, para los productos que duran menos de tres meses, se debe señalar tanto el día como el mes. Para aquellos que tienen una vida mayor, se especifican el mes y el año.

Para estar seguros

Aunque muchos expertos recomiendan usar nuestros sentidos –oler, tocar y quizá probar los alimentos para conocer su estado–, existen algunas reglas generales que puedes seguir para determinar si desecharlos o consumirlos, e incluso para maximizar su vida útil.

La leche, por ejemplo, puede oler o saber mal mucho antes de ser dañina para la salud. El secreto es no dejarla a temperatura ambiente y regresarla al refrigerador (de ser posible cerrada) inmediatamente después de usarla. Debe tener una temperatura de alrededor de 2ºC para prolongar su vida.

Los huevos pueden ser consumidos entre tres y cinco semanas después de comprarlos, siempre que se les mantenga en el refrigerador, a una temperatura inferior a 5ºC.

El yogur y el chocolate son casos especiales. Aunque ambos desarrollan capas blancas en la superficie después de un tiempo, las causas son diferentes y los dos pueden seguir siendo consumidos.

En el caso del yogur, se puede retirar el moho que se forma arriba de él y comerlo hasta seis semanas después de la fecha de expiración. 

En cambio, en el del chocolate esta capa no se trata de hongos, sino de la grasa cristalizada que se derrite y sale a la superficie. 

También es completamente seguro comerlos en este estado.

Alimentos como los totopos, que solamente se suavizan por la humedad, pueden volver a freírse para recuperar la consistencia crujiente incluso un mes después de haber abierto el paquete.

Congelar los alimentos es una excelente forma de extender su vida útil. En el caso de pollo y pescado, es necesario meterlos al congelador no más de uno o dos días después de su compra, igual que la carne molida de cualquier tipo. La carne de res y de puerco pueden esperar entre tres y cinco días sin causar problemas.

Si sabes que no vas a utilizar algún ingrediente de forma inmediata, es conveniente que lo compres enlatado o empacado al vacío. Paul VanLandingham, del Centro de Control de Alimentos y Bebidas de la Universidad de Gales, afirma que “esto puede duplicar la vida útil” y que “cuando se abren están tan frescos como el día en que fueron empacados”.

Lo bueno de comer algo ‘malo’

Una investigación hecha en Reino Unido, reveló que entre 48 y 49 por ciento de los consumidores malinterpreta las etiquetas de las fechas, lo que tiene como resultado una enorme cantidad de comida en buen estado que es desechada.

Ajustar los hábitos de consumo y aprovechar la comida que hay en la alacena es un paso significativo en la lucha contra esas cifras.

Para hacerlo puedes planear las comidas con anticipación y comprar solamente lo que sea necesario para ellas, acomodar los productos de acuerdo a su fecha de expiración y encontrar nuevos usos para los ingredientes que con terminan en la basura con frecuencia.

Además, al tirar menos alimentos que todavía podrían consumirse, se ayuda a reducir la cantidad de basura en el mundo.

Tu cartera también te lo agradecerá, si utilizas todo lo que compras y vas al supermercado con menos frecuencia.