Reporte Indigo

DANZA

Academia de la danza: semillero de nuevos talentos

Cuando los cuerpos se unen al unísono de una melodía se mezclan, se hacen uno y forman movimientos que embellecen las líneas de la figura humana. Es justo en este momento cuando se puede apreciar la belleza de la danza. El deleite de cómo un sentimiento, la música y las luces impulsan a una bailarina y bailarín a crear arte.

Ante la crisis sanitaria que estamos viviendo a nivel global, esta expresión artística se ha visto afectada, los escenarios cerraron y las escuelas dancísticas también han sufrido consecuencias. Es el caso de la Academia de la Danza Mexicana (ADM), que desde hace 74 años se ha encargado de ser un semillero de las nuevas generaciones de bailarines y bailarinas, pero que con el confinamiento se han tenido que reinventar.

Raymundo Torres, director de la institución, platica a Reporte Índigo que el encierro ha representado un nuevo reto para ellos, donde incluso los alumnos, quienes tienen un poco más de dominio con las nuevas tecnologías, han ayudado a los maestros para que las clases se puedan dar en línea.

“Nos tomó mal parados, la academia nos dio una verdadera sacudida para podernos modificar, para transformarnos, reinventarnos y así no dejar atrás esa ardua tarea de dejar conocimiento y de, por supuesto, compartir el conocimiento artístico con nuestros alumnos”, declara Torres.


Si tomamos a la danza como terapia, podemos sacar cosas muy positivas

Raymundo Torres

Director de la Academia de la Danza Mexicana

Crear comunidad

Esto produjo que gran parte de su plantilla docente se haya modificado. Maestros cuyas edades oscilan entre los 25 y los 85 años de edad, han tenido que adaptarse y tener acceso a las nuevas plataformas digitales: “Esto de la pandemia nos sacudió, pero yo creo para bien, en el sentido de que algunos maestros tuvieron que entrarle a las nuevas tecnologías. Me queda claro que se hizo más comunidad, más contacto y valores muy positivos. Los jóvenes se volvieron un tanto más empáticos, más sensibles. Nos modificamos como comunidad.

Danza como terapia

Su pasión por la danza ha sido un factor determinante para sobrellevar esta nueva normalidad, el director de la Academia revela que a pesar de todas las complicaciones y lo negativo de la situación, la empatía y la sensibilidad es lo que más se amerita.

“Hemos llegado a solucionar los problemas en términos tecnológicos y es bien complicado dar clases de danza, pero si tomamos a la danza como terapia, podemos sacar cosas muy positivas. A partir de estas oportunidades que nos ha dejado la pandemia hemos modificado los objetivos de nuestras clases. Lo más importante es que la mente y el cuerpo de todos los involucrados sea lo primordial (…)


Es importante generar los mejores bailarines, pero en este momento lo primordial es generar empatía y sensibilidad en cada uno de nosotros como miembros de la danza, generar bailarines muy humanos, muy creativos, pero que estén acorde a este momento

Raymundo Torres

Director de la Academia de la Danza Mexicana

Proyectos dancísticos se heredan en las prácticas escénicas

“Para nosotros es fundamental que los estudiantes adquieran conocimientos que los acerque a lo sociológico, lo político y a la ciencia, ya que nos hemos dado cuenta de que, entre más conocimientos se tengan, se pueden hacer obras y hacer coreografías ah doc con este siglo XXI. Necesitamos dejar atrás las coreografías que solo se ven bonitas y no tengan contenido. A nosotros sí nos importa, nos preocupa que todo lo que se haga se haga con mucha ética. Si se van a tocar ciertos temas sociales, se tienen que involucran las asignaturas de las ciencias para que se puedan plasmar esos contenidos de manera más consciente y acabada”, concluye Torres.

Etapa inicial

La ADM fue concebida por Carlos Chávez, primer director general del INBAL de 1947 a 1952, como taller de experimentación de la nueva danza mexicana. En esta etapa funcionó como compañía y taller coreográfico; posteriormente se convirtió en un espacio de creación y producción artística fundamental durante la llamada época de oro de la danza moderna mexicana.

A partir de 1956 se transformó oficialmente en centro de enseñanza profesional de la danza, año cuyo quehacer académico tuvo como base el rescate, la revaloración y la difusión de las expresiones artísticas mexicanas. La estética y el compromiso social son parte del eje principal de todos los coreógrafos, quienes en su plan de estudios involucran danzas tradicionales, popular mexicana y contemporánea.

Oferta educativa

Actualmente su oferta educativa está integrada por las licenciaturas en Danza clásica, Contemporánea, Popular Mexicana y Danza opción multidisciplinar, con las cuales forma profesionistas que vinculan la tradición y lo contemporáneo, además de intersecar los saberes sociales, culturales, científicos y artísticos en los procesos creativos.

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