Por las paredes del Museo Amparo, en Puebla, han pasado cientos de años, su historia se remonta al siglo XVI cuando en 1538 se fundó el primer hospital de la ciudad, llamado San Juan de Letrán, conocido como “El Hospitalito”.

Sus muros también fueron testigos de varias mujeres cuando la construcción fue convertida en un albergue; más adelante, fue una casa de sacerdotes y hasta un asilo de ancianos. Fue hasta 1991 cuando el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez adaptó el recinto arquitectónico para ser sede del Museo Amparo, inaugurado en febrero de 1991.


El museo posee cerca de 4 mil 500 obras, de las cuales 3 mil son prehispánicas, mil virreinales y 400 contemporáneas

El museo se desarrolló y evolucionó junto al Centro Histórico de Puebla, ambos son testigos de los secretos que sucedieron durante el auge de la ciudad, hasta llegar a ser ahora un referente cultural del país. A lo largo de estos 30 años ha logrado ser parte vital del diálogo entre el México antiguo y el contemporáneo.

Ramiro Martínez, director de este espacio, platicó con Reporte Índigo sobre el aniversario, donde, más que una celebración, reflexionan el crecimiento que han tenido, tanto en proyectos, como en la adaptación de sus instalaciones y en las formas de trabajar.

“Estamos muy contentos, en 30 años ha habido una evolución importante, me ha dado una visión más clara de mi propósito dentro de la institución, de mejorar la experiencia y relación con nuestro público; además de seguir trabajando en el tercer eje del proyecto del museo, que es la presentación de manera permanente del acervo contemporáneo,”, compartió Martínez.

La columna vertebral de lo que hoy es el recinto la componen salas de Arte Prehispánico, Colección de Arte Virreinal, del siglo XIX, así como la Colección de Arte Contemporáneo.

“El museo te da una oportunidad de ver en un solo lugar representaciones del arte prehispánico, del arte colonial y arte contemporáneo, es interesante cuando las ves juntas y la continuidad que hay en el trabajo. Cuando visité recientemente el museo, vi las cosas desde otro punto de vista. El arte prehispánico son huellas vivas, no son objetos muertos, sino que forman parte de una tradición y de una contemporaneidad que se sigue moviendo, creando y evolucionando y ese es uno de los puntos importantes del proyecto”, recalcó.

Retos con la pandemia

Como la mayoría de las instituciones culturales, el mayor reto que ha afrontado el Museo Amparo debido a la pandemia fue el cierre de sus puertas al público y cortar, de manera física, el diálogo que había con ellos. Sin embargo, esto les ha permitido explorar otros caminos para brindar mejores experiencias.

“El lado positivo fue que nos motivó a promover y dar énfasis en las posibilidades que ofrece el trabajo a distancia, lo virtual; es algo en lo que veníamos trabajando desde hace casi cinco años. Esto fue una especie de empujón para enfocarnos en verlo como una posibilidad de trabajo paralela del edificio. Seguimos aprendiendo porque las cosas siguen cambiando, estamos viendo de qué manera se trabaja la parte virtual, sin olvidar lo presencial, que sigue siendo fundamental en el trabajo que hacemos”, explicó Ramiro Martínez, director del recinto.

Antes de la pandemia, el ritmo de vida era acelerado, por lo que esta pausa forzada provocó replantear su relación con el público, de buscar nuevas formas de trabajo para mejorarlas y planear desde lo virtual.

“La velocidad a la que veníamos trabajando de repente no te permitía tomarte el tiempo para pensar y repensar las cosas, eso es algo que creo ha sido positivo, pensar cómo queremos que sea nuestra relación con el público, físico y virtual, cómo queremos contribuir con nuestras comunidades, esa parte funcionará, al final, a favor de nuestro trabajo, afirmó Ramiro Martínez.

Para el director del recinto es importante resaltar que también, como parte de una institución, tienen que pensar en un público que no pueda acceder tan fácilmente a una conectividad.

“Dentro de la Fundación se dividen dos campos, uno que es el social y el cultural, estoy un poco más conectado con la parte social, que creo es fundamental, te da una base sólida con la comunidad. Abrirte y ver que el mundo es más grande y diferente, que hay diferentes niveles socioeconómicos, de educación, y tan sencillo como esta parte virtual y estar conscientes de que mucha gente no tiene acceso a ella, es importante tenerlo en la cabeza y no pensar que estamos en una sociedad en la que todo mundo tiene la misma capacidad de conexión”, dijo.


Nuestro compromiso tiene que ver con el lema del museo, que es el encuentro con nuestras raíces y es mostrar que hay una continuidad en nuestras vidas, con la historia, que es una línea que dibuja y vincula el pasado, presente y el futuro

Ramiro Martínez

Director del Museo Amparo

Un golpe económico para el Museo Amparo

Estos momentos de confinamiento también dejan grandes reflexiones, como el valor de la planeación a mediano o largo plazo, pues el recinto ya contaba con un programa completo para todo 2020 y de tomar la difícil decisión de retomar las actividades hasta 2022.

“No sé qué tanto valor tenga el sentido de la planeación porque estamos cerrados, no tenemos idea de cuándo vamos a abrir y por la experiencia que tuvimos con el terremoto, donde estuvimos cerrados por tres meses, el regreso del público fue muy gradual y este año será lo mismo”, lamentó el director del recinto.

Sin duda, uno de los principales golpes dentro de este confinamiento es el tema de los recursos financieros y de cómo les afectará mantener sus puertas cerradas por tiempo indefinido.

“Es un tema que a nivel internacional está sobre la mesa, los costos de transporte, de las expos internacionales, del traslado de artistas, de gente de montaje, comisarios, se han vuelto casi inmanejables para muchas instituciones y con esto, también hemos hecho nuestras revisiones de obras de montajes a distancia, a través de plataformas digitales, dependemos financieramente de la Fundación Amparo”, resaltó Ramiro Martínez.

Para el director del recinto, la reflexión y el aprendizaje son sus grandes aliados, pues le permitieron recordar cuando el Museo Amparo estuvo cuatro años en un proceso de obras para la actualización de sus espacios y también en el periodo que se vieron afectados por el sismo de 2017.

“Cuando se hicieron las obras el museo nunca cerró, estar con trabajos de construcción y a la vez recibir al público, pasaron muchas cosas. Lo único que estaba abierto era la línea de tiempo y una sala pequeña que albergaba una exposición sobre la plata, y seguíamos recibiendo al público. Y por supuesto, después del temblor, el museo apoyó a ciertas comunidades del estado de Puebla y seguimos en contacto con ellas para ofrecerles talleres”, recordó.

Con el temblor de 2017 el Museo Amparo cerró durante cinco días. “A mí se me hacía una cosa muy fuerte cerrar, nosotros cerramos los martes y fuera de ahí trabajamos el 24, 25 y 31 de diciembre, y el 1 de enero, pero ese cierre fue muy fuerte; imagínate ahora, tenemos ya ocho meses sin abrir nuestras puertas, son situaciones fuertes de las que aprendes a dimensionar el valor del trabajo, la importancia de lo que hacemos, cómo estamos localizados con la ciudad”, explicó Martínez.

Todo se trata de repensar la forma en que se vive y experimentar las nuevas posibilidades que ofrece este tiempo de pausa mundial y, de acuerdo con Ramiro Martínez, a tener un mayor aprecio por las cosas que se daban por hechas o en las que ni siquiera se ponían atención.

“Para mí es importante el afinar la vista, tenemos el privilegio de vivir en una ciudad con un patrimonio arquitectónico colonial y prehispánico, de Cholula, de Tlaxcala. A veces, me subo a la terraza del museo y veo la catedral y las cúpulas de Iglesia de La Soledad y de San Jerónimo, esa parte es lo que se nos olvida y que enriquece, lo que lees, escuchas, eso es parte de la cultura. Dentro de la pausa, quisiera pensar que estamos aprendiendo, leyendo, cocinando, escuchando y tomarlo como parte de lo que somos, pensar más allá de esto de lo que te alimentan a la vista, hay otras formas de vivir la cultura, ser más conscientes de nuestra relación”, expresó Martínez.

2021, un año de trabajo y celebración

El 28 de febrero conmemoran el 30 aniversario de su creación con El tiempo de las cosas. Colección de arte contemporáneo, exposición curada por Tatiana Cuevas, en la cual mostrarán 60 obras de 37 artistas, entre los que destacan: Kati Horna, Melanie Smith, Graciela Iturbide, Minerva Cuevas, Sofía Taboas, Francisco Toledo, Rodrigo Moya, Gabriel Orozco, Vicente Rojo y Francis Aÿs.

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