Pachucos, ambulantes, malabaristas, lanzadores de fuego y patas de perro, todas y todos son bienvenidos en este gran circo que, si bien no tiene telón, en conjunto hacen de esta ciudad un gran espectáculo, el cual, anteriormente, al menos en la música, no tenía cabida.

Fue hasta 1991 cuando La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, un grupo de jóvenes inspirados en la cultura popular mexicana e interesados en exaltar los sonidos chilangos lanzaron El Circo, disco que a 30 años de distancia sigue resonando como un homenaje sonoro y de amor a la ciudad; a espectáculos y personajes únicos del “teatro callejero”, como diría Carlos Monsiváis, que se movilizan en el transporte público, gente marginada, trabajadores ambulantes, además de la vida nocturna y de la sangre derramada en la urbe.

A 30 años de distancia, Roco, vocalista de la banda, tiene dos visiones sobre este material; por un lado, la interna, al haber sido partícipe de la creación de este álbum; y la externa, sobre cómo ha crecido y todo lo que significa para la historia del rock mexicano y latinoamericano.

“El Circo fue uno de nuestros discos más libres. De hecho, ya pensábamos que nos iban a dar la carta de retiro después del primero. Nos dieron poco presupuesto, estaba todo limitado para hacerlo, pero eso fue lo que nos impulsó a hacer todo lo que soñábamos, responder a nuestras propias búsquedas creativas y no a lo que estaba sucediendo en ese momento en la música”, relata Roco a Reporte Índigo.

Los escenarios y sucesos chilangos plasmados en El Circo

Después del terremoto que azotó a la Ciudad de México en 1985 hubo una urgencia por parte de los jóvenes para pronunciar sus reclamos. Bandas como Botellita de Jerez, Caifanes y La Castañeda ya estaban en la escena musical, pero La Maldita, al lanzar El Circo le habló a otro México, el que no estaba representado musicalmente, a la vez de dar al país nuevas sonoridades, y hacer un rescate de la música tropical, el ska y el rock, sobre todo, del español.

“Era un momento donde el rock se cantaba en inglés, del american way of life. En ese momento, nuestra misión, lo que pensábamos era encontrar el sonido del rock mexicano, ya veíamos cómo los grupos de Argentina o de España tenían un sonido muy particular, pero no había uno mexicano a nivel discográfico. Pensamos en la sonósfera, el ambiente sonoro que nos rodea y que sólo nosotros ubicamos, el sonido del camotero, el afilador, el hiper famoso de tamales oaxaqueños”, relata Roco.

Inspirados en Eulalio González Ramírez “Piporro” y en la escena del hip hop, con el grupo Public Enemy, al meter el sample de discursos de Martin Luther King, James Brown y manifestaciones públicas, Roco hizo con El Circo una disconovela lanzando la pregunta: ¿qué representa ser mexicano y cuál es su identidad?

Así, retomó la sonoridad de la calle, sampleos de diferentes músicos que los inspiraron como Tin Tan y las bombas del Tío Herminio, hasta un fragmento de “Querida”, de Juan Gabriel, para poder definir el sonido del rock mexicano.

“Después de escucharlo completo dijimos ‘este gran circo que es la Ciudad de México’. Esa imagen donde hay tanto contraste social, tanto escenario en cada esquina, de desigualdad. Utilizar esta metáfora del circo para ver a la ciudad como un espacio de creatividad, injusticia, alegría aparente, pero también de profunda tristeza, todas estas contradicciones que se equilibran en este lugar”, opina.

La unión de voces y generaciones

Para Roco, el disco tiene un mensaje importante sobre la colectividad, invita a pensar en un “nosotros”, que fuera el testigo de una crónica urbana, salir del individualismo, del egoísmo y empezar a ver todo como un colectivo, del barrio y de la contracultura pachuquezca.

“Así como a mí me cambió la vida un disco, un libro, una película, un poema, El Circo al paso del tiempo es un catalizador y un detonador de toda una forma de pensar lo mexicano, entender nuestra identidad, una forma de seguir profundizando en esta tradición. A pesar de las dificultades, siempre hay mucha creatividad, sentido del humor y un profundo sentimiento de comunidad, eso es de lo que habla este material”, explica.

“Pachuco”, “Solín”, “Kumbala”, “Un gran circo” y “Pata de perro”, todas las canciones del álbum tienen una resonancia especial, su actualidad sigue abriendo puentes, el encuentro del mestizaje sonoro, de tradiciones. De ahí la importancia de este álbum.

“Fue la reafirmación absoluta para nosotros mismos de todo lo que habíamos soñado, nos reafirmó nuestra visión, confianza y unidad en la banda de seguir nuestros sueños, no copiarle a nadie y hacer las locuras que se nos ocurrían. Se editó en más de 18 países en Europa, nos permitió hacer la gira Pata de Perro, compartir nuestro sonido en un disco y dar el rol, de seguir creciendo al viajar por el mundo.

“A 30 años del disco, invito a las nuevas generaciones a que nos puedan dar un disco con la antorcha de la identidad. Que siga inspirando El Circo a obras de teatro, canciones, música, todo lo que necesitamos para un mundo más justo, libre y más alegre”, reafirma Roco.

La historia de “Pachuco”

Esta canción ya es un emblema generacional que empieza al sonido de un mariachi y del grito “Ya llegó su pachucote”.

“La letra habla de la lucha generacional, del eterno espacio que tenemos que luchar los jóvenes cuando vamos creciendo para ser nosotros mismos. Es un tema muy importante en la sociedad. 10 años después, un amigo me dijo que ya está en los libros de texto, nunca nos imaginamos algo así, esto habla del elemento social que a nosotros siempre nos ha llamado la atención, tender puentes entre las generaciones”, explica.

Además, se trata de una canción inspirada en su papá, quien de joven fue pachuco. “Fue fotógrafo de deportes desde finales de los 40 hasta el 68. Aparte de que sí fue pachuco, la historia que cuento es la de él, pues mi abuelo, que era fundador de la Casa del Obrero Mundial era anarcosindicalista, no lo dejaba ser pachuco”.

“Yo le volaba los sacos, gabardinas y pantalones, los bostonianos, que decíamos mostronianos, zapatos grandes que nadie usaba en esa época. Además de volarle su ropa, nos prestó su bodega en donde guardaba antigüedades, fotos de la época del Cine de Oro, era una biblioteca de la cultura popular, al paso del tiempo me doy cuenta que ensayamos en un templo. A mi papá le debemos mucho Maldita y en la imaginería creativa”, comparte.

Música profética

Roco comparte que, al momento de componer sus canciones, “tiraban al aire” una idea, pero hoy son una realidad, algo que sucedió, por ejemplo, con “Mare”.

“Hay un autor que se llama Jacques Attali, en su libro Ruidos. Ensayo sobre la económica política de la música, habla que la música es un arte que profetiza, a mí me voló la cabeza eso y ‘Mare’ también tiene esa capacidad profética, porque cuando la escribí me imaginé a un personaje “EMCIYUKA” como un hip hopero maya, un rap yucateco”.

“Ahora podemos ver que hay todo un movimiento de música indígena, amigos de a devis. El hip hop es una realidad cantada en su propia lengua indígena, era nuestra botella al mar y una pequeña muestra de que, a veces, todo lo que imaginamos y proyectamos está más cerca de lo que pensamos”, expresa.

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