16 años sin Roberto Bolaño: su paso por la Ciudad de México

Hablar de la vida y obra del escritor y poeta chileno Roberto Bolaño es recorrer inevitablemente algunos barrios, librerías y cafés de la Ciudad de México.

Hablar de la vida y obra del escritor y poeta chileno Roberto Bolaño es recorrer inevitablemente algunos barrios, librerías y cafés de la Ciudad de México, escenarios de sus obras más importantes. Lugar donde además vivió su adolescencia y que se convirtió en la trinchera de una generación de escritores hisponoamericanos.

Pero no sólo fue la capital mexicana, la frontera y el desierto de Sonora fueron también piedra angular de Bolaño: las calles de Bucareli y Ciudad Juárez son parte de dos de sus grandes creaciones, Los Detectives Salvajes, y 2666.

Llegó a nuestro país en medio de las protestas estudiantiles de 1968, junto a sus padres y su hermana Salomé. Inicialmente habitaron en la colonia Lindavista, luego se mudarían a la Nápoles y finalmente a la Guadalupe Tepeyac.

En una entrevista que ofreció en 1999, reveló que durante su paso por el entonces Distrito Federal no sólo vivió en algunas de las “peores colonias” de la capital, sino que además tuvo trabajos de todo tipo.

Recorrí las peores colonias del Distrito Federal vendiendo lámparas con la figura de la Virgen de Guadalupe. Hacía poesías, y obras de teatro de dudosa calidad. Aprendí también a viajar, a tener la noción de lo desconocido.

En 1972 decidió regresar a su natal Chile, bajo el gobierno del Salvador Allende, pero un año después ya estaba de vuelta en México y su contacto con el teatro y poesía fue aún mayor.

Aquí conoció a Juan Villoro, durante un taller en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que impartió Augusto Monterroso, el creador del famoso microrelato El Dinosaurio: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

Nadie dudaba del carisma de Bolaño pero lo tratábamos naturalmente, con ese exceso de familiaridad demandado por el afecto y el buen humor. No lo veíamos como una figura histórica, compartíamos bromas y vivencias. Roberto Bolaño se convirtió en leyenda, sus amigos sabían que sus libros perdurarían, pero nunca supieron de la gran aceptación masiva que tendría. Lo amábamos y lo admirábamos, pero nunca supimos que se convertiría en un mito, era como ser amigos de Bob Dylan antes de su debut en el New Port Festival, señaló Villoro durante una conferencia en el 2013.”

En esta etapa, Bolaño también se cruzó con la mítica poeta Alcira Soust Scaffo –Auxilio Lacoutura en Los Detectives Salvajes y Amuleto–, la uruguaya que permaneció ocho días escondida en los baños de Ciudad Universitaria ante la presencia de militares, en 1968.

La leyenda se esparció en el viento del DF y en el viento del 68, se fundió con los muertos y con los sobrevivientes y ahora todo el mundo sabe que una mujer permaneció en la universidad cuando fue violada la autonomía en aquel año hermoso y aciago.

Y muchas veces yo he escuchado la historia, contada por otros, en donde aquella mujer que estuvo quince días sin comer, encerrada en un baño, es una estudiante de Medicina o una secretaria de la Torre de Rectoría y no una uruguaya sin papeles y sin trabajo y sin una casa donde descansar.

Y a veces ni siquiera es una mujer sino un hombre, un estudiante maoísta o un profesor con problemas gastrointestinales. Fragmento de Los Detectives Salvajes.

Café La Habana

Alrededor de la taza de café, este lugar –ubicado en la colonia Juárez, Ciudad de México– ha visto un desfile de personajes históricos. Donde, entre otras tantas anécdotas, se presume que Fidel Castro y el Che Guevara planearon la revolución cubana, y fue uno de los puntos de reunión de los poetas infrarrealistas.

En Los Detectives Salvajes aparece bajo el nombre de Café Quito, lugar donde solían reunirse “Ulises Lima”, “Arturo Belano”, las hermanas Font y “Felipe Müller” para tomar café con leche.

Encontré a los real visceralistas. […] Todos los real visceralistas me dieron sus respectivas direcciones y yo a todos les di la mía. Las reuniones se celebran en el café Quito, en Bucareli, un poco más arriba del Encrucijada, y en la casa de María Font. Fragmento de Los Detectives Salvajes.

España y su última entrevista

Roberto Bolaño, nacido en Chile en 1953, es lo mejor que le ha pasado en mucho tiempo al oficio de escribir. Desde que con su monumental Los detectives salvajes, acaso la gran novela mexicana de la contemporaneidad, se hiciera famoso y se embolsara los premios Herralde (1998) y Rómulo Gallegos (1999), escribió la periodista argentina Mónica Maristain, meses antes de la muerte del poeta.

Roberto Bolaño concedió su última entrevista en el 2003 para la revista Playboy. Desde que el escritor llegó a España en 1977 nunca más volvió a mudarse. La muerte lo alcanzaría a los 50 años, en Barcelona, sólo meses después de haber sostenido esta riquísima conversación con la entrevistadora sudamericana.

Y aunque al final de sus días se asumió como latinoamericano, durante mucho tiempo se llegó a sentir “muy mexicano”. Incluso, algunos escritores de nuestro país se hallaban en la lista de sus favoritos.

¿Usted es chileno, español o mexicano?

–Soy latinoamericano.

¿A qué escritor mexicano admira profundamente?

A muchos. De mi generación admiro a Sada, cuyo proyecto de escritura me parece el más arriesgado, a Villoro, a Carmen Boullosa, entre los más jóvenes me interesa mucho lo que hacen Alvaro Enrigue y Mauricio Montiel, o Volpi e Ignacio Padilla. Sigo leyendo a Sergio Pitol, que cada día escribe mejor. Y a Carlos Monsiváis, el cual, según me contó Villoro, motejó como Pol Pit a Taibo 2 o 3 (o 4), lo que me parece un hallazgo poético. Pol Pit, ¿es perfecto, no? Monsiváis sigue con las uñas aceradas. También me gusta mucho lo que hace Sergio González Rodríguez.

Última entrevista de Roberto Bolaño (2003)

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