Hay otros incendios que también queman. Es innegable que la crisis por las violencias hacia las mujeres es una realidad en el país. Lejos del foco mediático que cada caso puede tener, lo cierto es que la pandemia ha dejado al desnudo el sinfín de desigualdades a las que se enfrentan las mujeres. Que se convierten en causa a partir del dolor y que se hacen una voz al unísono cuando no se encuentran respuestas y soluciones a estos problemas.

Un grupo de mujeres jóvenes hemos sido invitadas por el Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad de Columbia para exponer las raíces de estos problemas.

A mi me queda claro que es la crisis del sexenio. No tanto porque el contexto político ha puesto la coyuntura sobre la mesa con una candidatura a la gubernatura de Guerrero que es impresentable como la de Felix Salgado Macedonio que en lugar de ser llevado ante la justicia por las acusaciones en su contra se celebra su nombramiento como candidato. Pero en una vorágine mucho más aguda del por qué llegamos a este punto, tendría que ver, precisamente con esas brechas enormes de desigualdad. De ahí que la circunstancia abra la puerta a temas importantes como la igualdad salarial, la economía de cuidados, el trabajo doméstico, el acceso a servicios de salud u oportunidades laborales.

Ese cúmulo de deudas históricas pendientes con las mujeres hace el contexto mucho más complejo y violento al no ser atendidas las demandas. Por ejemplo, pensar en bajo presupuesto a los programas de género o en la cancelación de programas como las estancias infantiles es muestra del poco compromiso que se tiene para saldar estas deudas.

De buenas vivir en un tiempo donde la lucha que han hecho las mujeres y las mujeres feministas permite que nuestra voz no sea silenciada por una espiral de poder que consume hasta a las voces más críticas y que, por tanto, podemos poner el foco de la atención en todo eso que hace tanta falta.

No es solo contar con leyes que definan y sancionen las violencias, es contar con programas, proyectos, políticas públicas y presupuestos en donde se asuma el compromiso que implica prevenir que ninguna de esas violencias se consumen en delitos que generan inseguridad, intranquilidad e incertidumbre para las mujeres.

El presente y el futuro del país en gran medida dependerá de ese esfuerzo para hacer acciones, dejar precedentes, así como hacer evidencia de que sí podemos romper ese pacto patriarcal, tener una mirada con perspectiva de género y hacer la apuesta más importante del siglo: conseguir el piso parejo de derechos y libertades para las mujeres de México.

Porque como bien escribe la poetisa Elvira Sastre: “Miradnos. Decidimos cambiar la dirección del puño porque nosotras no nos defendemos: nosotras luchamos”.

Después del 8M, nosotras luchamos.