Crecer en los años 90, sin duda, fue un privilegio generacional. Tuvimos las Olimpiadas de Barcelona 92, de la que se desprendió la mascota Cobi y una caricatura animada, también llegaron las Tortugas Ninja y, por supuesto, una adaptación infantil de las dos películas que causaron sensación en los 80, por su tema pegajoso compuesto e interpretado por Ray Parker Jr: Ghostbusters.

Los Cazafantasmas, como se les conoce en Latinoamérica y el mundo de habla hispana, han sido una sensación que se ha perpetuado desde hace 37 años. Esta franquicia multimillonaria no sólo arrojó los largometrajes de 1984 y 1989, sino toda una parafernalia de cómics, videojuegos y demás artículos que hacen alegoría a los personajes originales, pero la gran pregunta para todos los fanáticos era: ¿por qué no había una tercer película? ¿Acaso no había ideas para redondear en una trilogía?

¡Por supuesto que había montones de ideas para hacer más y más películas! Pero, ¿qué sucedió? Que Bill Murray estuvo reticente durante décadas de volver a enfundarse en el overol industrial, cargar su caja de protones e interpretar al doctor Peter Venkman; simplemente se negaba, porque detesta las secuelas y pues pasó lo inevitable: el reparto envejeció.

Además, un suceso lamentable, el cocreador de la idea original y además actor, Harold Ramis, falleció en 2014 por complicaciones de una vasculitis inflamatoria autoinmune; entonces, parecía imposible, y que era definitivo, que el equipo original volviera a reunirse.

Pero, afortunadamente, el hijo del director original de las dos primeras cintas, Jason Reitman, empujó con una idea que le dio la vuelta a favor del tema del más allá y los espectros, y al fin su guión logró convencer de que la tercera entrega sería posible, involucrando a los sucesos directamente de los dos filmes anteriores.

Así es como después de un año caótico de crisis sanitaria, al fin, se estrena en salas Ghostbusters: El legado, largometraje que es una gran dedicatoria para todos los fanáticos originales, y además para el mismo Ramis, porque su personaje es medular en esta producción que llega a más de 30 años de la última secuela.

Guiños y el uso de todos los gadgets y objetos conocidos aparecen de nuevo en esta cinta; como ya se ha visto en los avances, el Ecto-1 hace su entrada triunfal y sólo de verlo en acción se acelera el corazón por la nostalgia a tope; pero, ¿quiénes usan todos los accesorios ahora?

Un grupo de adolescentes, comandados por Phoebe, la nieta del ahora difunto Egon Spengler (Ramis) y que está decidida a descubrir, porque su abuelo se fue a un pueblo olvidado en Oklahoma; lo divertido y además reflexivo es que ella, siendo una apasionada de la ciencia, claramente refuta la idea de que existan los fantasmas, pero poco a poco va cambiando su concepción al respecto.

Entonces, si son seguidores de esta ficción, pónganse en mood Ghostbusters, vayan al cine y ustedes sabrán a quién deben de llamar.

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