Hoy, justo cuando la violencia contra nosotras se recrudece, cuando 11 mujeres son víctimas de feminicidio, es un aliento que el Congreso de la Ciudad de México haya aprobado por unanimidad incluir la violencia vicaria en la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.

Hasta ahora, la violencia vicaria está tipificada en Zacatecas, Hidalgo, Baja California Sur, Yucatán, Estado de México, Guanajuato, Puebla, Sinaloa, Colima, San Luis Potosí y ahora en la Ciudad de México.

Lo extraordinario sería que este tipo de violencia se sancione y se incluya en la leyes federales para así obligar a las congresos locales a homologar sus leyes e ir cerrando la brecha de desigualdad, de violencia y del patriarcado.

Por eso, desde el Senado seguimos trabajando para hacer realidad el deseo de muchas mujeres que son, y han sido junto con sus hijas e hijos, víctimas de la violencia vicaria. Somos varios y varias las senadoras de los diferentes grupos parlamentarios que seguimos pujando porque se apruebe un dictamen que incluya y sancione este tipo de violencia.

Recuerdo las palabras que Fátima le dijo a su psicoterapeuta al expresarle que tiene miedo de que la vuelvan a separar de su mamá porque “no querían que la viera”. Y es que el padre de Fátima decidió separarla de Andrea, su madre, por más de un año.

Muchas son las historias de violencia vicaria que hay en el país. La urgencia por ir erradicando las agresiones físicas, verbales, psicológicas y hasta sexuales contra mujeres, niñas y adolescentes es imperativa.

El Frente Nacional contra la Violencia Vicaria (FNVV), que brinda apoyo a mujeres que buscan recuperar a sus hijos e hijas en separación, ha documentado que 88 por ciento de los agresores amenaza a la mamá con hacerle daño a través de sus hijos, y en 80 por ciento de los casos existe un deudor alimentario.

La violencia vicaria no solo afecta a las madres, también a las infancias porque son las niñas, niños y adolescentes quienes son utilizados para lastimar a éstas, causándoles daños que, en ocasiones, son irreversibles y no son considerados cuando se les separa del vínculo afectivo con la madre.

Mi lucha contra la violencia vicaria no es solo porque se trata de violentar a la mujer sino porque me considero y soy una defensora de los derechos de nuestras niñas, niños y adolescentes y de su interés superior. No se trata solamente de un tema de género, se trata de cientos de vidas que tienen entre cero y 17 años.

Por eso insistiré en que se analicen, debatan y aprueben las iniciativas que hemos presentado para reconocer y establecer en las leyes federales la violencia vicaria; además de incorporar al Código Penal Federal sanciones que la castiguen cuando un hombre la ejerza.

Confío en que a la brevedad el Senado se sume a la erradicación de la violencia vicaria y hago un llamado a legislar en la materia lo antes posible. La violencia contra la mujer no tiene colores ni partidos es una tarea de todas y todos.