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Opinión

Por ejemplo, el Partido Revolucionario Institucional, que el próximo 4 de marzo cumplirá 85 años, en este siglo XXI se auto-bautizó como “el nuevo PRI”.

El priismo del siglo XXI nada tiene de novedoso, porque muchos de sus cuadros dirigentes desconocen la ideología del tricolor o si realmente tiene algún concepto ideológico para hacerle algún cambio.

En este renglón, todo indica que desde hace tiempo el PRI ha sido beneficiario del pragmatismo revolucionario que le fue heredado a partir de 1929.

Este “nuevo PRI”, el del siglo XXI, es un ejemplo de renovación de sus cuadros y de su dirigencia.

Habrá que ver a un César Camacho Quiroz, líder nacional del tricolor, una muy joven promesa política convertida en realidad: exalcalde de Metepec; exgobernador interino del Estado de México; exsubsecretario de Gobernación; exsenador; exdiputado federal; y expropagandista de Enrique Jackson. 

Camacho Quiroz, como joven revelación en el “nuevo PRI”, dirigió la “Fundación Colosio”; tuvo a su cargo la Secretaría Técnica del Consejo Político Nacional, y fue representante propietario del PRI ante el Consejo General del Instituto Electoral del Estado de México.

Ivonne Ortega Pacheco, como secretaria general de este novedoso priismo, de entrada diremos que es sobrina del exdirigente de la Confederación Nacional Campesina y exgobernador yucateco, Víctor Cervera Pacheco. Esta es una de las partes de la meritocracia que ya no se estila en el priismo del siglo XXI.

Expresidenta municipal de Dzemul; exlegisladora local, exdiputada federal, exsenadora y por qué no, también ocupó las oficinas de su tío, Cervera Pacheco, cuando tuvo a su cargo la gubernatura.

Actualmente, desde la secretaría general del tricolor, Ortega Pacheco tiene en marcha la creación de una infraestructura de mujeres a nivel nacional, tal vez pensando en el 2018.

José Encarnación Alfaro, quien en la Secretaría de Organización del PRI hace sus pininos como político, se encarga de la promoción de jóvenes promesas para las delegaciones de este partido en los estados.

Ahí están las revelaciones de muchos aspirantes a hacer realidad el proyecto del “nuevo PRI”: René Juárez Cisneros, es representante de esta organización política en Oaxaca y Puebla.

Melquiades Morales, otro jovencito con ansias de novillero, fue impuesto como delegado en Michoacán.

Fernando Moreno Peña, otra promesa en la política nacional, es secretario regional y delegado priista en Guanajuato.

Ulises Ruiz Ortiz, por fortuna ya se convirtió en realidad y tiene su gran oportunidad como delegado del Revolucionario Institucional en Quintana Roo.

A José Parcero López –un jovenazo más que apenas se inicia en esta práctica– José Encarnación Alfaro le otorgó su voto de confianza como delegado tricolor en Tamaulipas, donde el 19 de abril del año pasado personalmente le entregó el cargo.

Por apertura de espacios en el PRI, los nuevos políticos no se pueden quejar. 

Es el caso de Armando López Nogales, a quien el 17 de junio del 2013 se le da su primer chance en asuntos político-partidistas, al ser designado delegado del PRI en Sinaloa.

El político novel, José Manuel García García, otro fiel ejemplo del “nuevo PRI” y gracias al proyecto que se ha puesto en marcha en el CEN priista, apenas el pasado 6 de febrero tomó posesión en la delegación de este partido en Aguascalientes.

Samuel Aguilar, otra promesa que empieza a despuntar sobre todo en ingeniería electoral, vulgo “mapachismo”, es responsable de la Secretaría de Acción Electoral del Partido Revolucionario Institucional. 

Por cierto, uno de los principales mentores de esta revelación política duranguense, es Roberto Madrazo.

La nueva ideología del PRI de este siglo XXI también está representada en el Congreso de la Unión.

Con los ejemplos de Manlio Fabio Beltrones en la Cámara Baja y Emilio Gamboa Patrón, en el senado, se tiene la certeza de que Camacho Quiroz adquirió un gran compromiso con el gatopardismo. Porque en esta organización política todo está cambiando para que todo siga igual.

El PAN, otro ejemplo de “cambio”

Al original Partido Acción Nacional se infiltraron un grupo de “neo-panistas” que medraron a la sombra del blanquiazul.

Esta corriente, con una nueva “ideología” (la del poder por el poder mismo) destrozó lo construido por Manuel Gómez Morín. 

Sobran nombres: Diego “El Jefe” Fernández de Cevallos (por cierto jubilado y pensionado de la política), Fernando Gómez Mont, Felipe Calderón Hinojosa, Vicente Fox Quesada, Luisa María Calderón, Juan Ignacio Zavala, Josefina Vásquez Mota, Ernesto Cordero, Jorge Luis Preciado, Roberto Gil Zuarth, Javier Lozano Alarcón y Juan Manuel Oliva.

A esta ignominiosa lista, se agregan: Max Cortázar, Patricia Flores, Alejandra Sota, Mariana Gómez del Campo, Bruno Ferrari, Martha Sahagún, Luis Alberto Villarreal, Pedro Cerisola, Germán Martínez, César Nava, Rubén Aguilar, Luis Pazos y Gustavo Madero.

En su momento, todos ellos representando al neopanismo, intentaron mejorar la ideología de Acción Nacional y para ello buscaron por todos los medios desplazar el pensamiento político de Carlos Castillo Peraza, Manuel González Hinojosa, Bernardo Bátiz, José Ángel Conchello, Manuel Clouthier, Abel Vicencio Tovar, Luis H. Álvarez (con un antes y un después en su militancia panista), Salvador Nava Martínez (Frente Cívico Potosino) y Efraín González Morfín, entre otros.

De estos últimos personajes nadie recuerda un nombre que haya estado envuelto en casos diferentes de corrupción política o económica. Al final de la jornada, el neopanismo triunfó y todo cambió en sus filas.

En el Partido Acción Nacional no queda huella de los que hace años tuvieron un proyecto de partido político de oposición, más no a disposición.

Parte del himno panista reza: “Nuestro México ha de ser con Justicia y libertad una patria para todos y un baluarte del Ideal”. Todo ello cambió en la dirigencia del blanquiazul y pareciera que el lema del neo-panismo actualmente estriba en ir contra los corruptos hasta emparejarnos.

Que se recuerde, el liderazgo en Acción Nacional, con el panismo original, no se veía como un botín, pues el concepto político para dirigirlo era diametralmente opuesto a lo que hoy buscan los grupúsculos arribistas.

Ante la inminente elección o reelección (abierta o disfrazada, de Gustavo Madero), las facciones albicelestes están desatadas por la ambición del poder y en consecuencia del dinero. 

La más reciente declaración de Vicente Fox, ante quienes le ayudaron a tirar al caño el sexenio 2000-2006, revela lo que hoy se padece en Acción Nacional:

“He dejado de lado las ideologías para ver opciones demócratas (…) ya que lo importante es ver quién ofrece (¿más?) lo mejor para México” (16 de febrero 2014). 

Perredismo, sin cambios

Por el momento, la izquierda en México no tiene solución.

Fragmentada en Partido de la Revolución Democrática, Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano (…), quienes integran o dirigen esta corriente política en el país, carecen de autoridad moral para erigirse como hacedores de un cambio indispensable, más que todo en acciones y forma de pensar.

Refiriéndonos específicamente al perredismo, no se ve por algún lado la posibilidad de un cambio real y no una mera maquillada al partido del sol azteca.

La fragmentación de la fragmentación, que se padece en la izquierda en general, se puede observar al interior del PRD. En esta organización política, hay varias facciones: 

“Los Chuchos”: Jesús Ortega y Jesús Zambrano, en Nueva Izquierda, tienen a su clientela.

Izquierda Democrática Nacional, es propiedad de la pareja Dolores Padierna-René Bejarano.

Amalia García, quien llegó a la gubernatura de Zacatecas gracias al PRD, hoy “ayuda” a acabarse a este partido político y para ello encabeza un grupo llamado Foro Nuevo Sol.

Héctor Bautista, con su facción conocida como Alianza Democrática Nacional, busca hacer de la izquierda en México una “opción” real.

Esta fragmentación o acelerado deterioro del perredismo, podría frenarse con la remota llegada de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a la presidencia del partido, pero la gran interrogante estriba en si “Los Chuchos”, los Padierna-Bejarano, Amalia García y Héctor Bautista, están dispuestos a perder ese gran negocio llamado izquierda, aglutinada en el PRD.

En todo este galimatías, se encuentra Andrés Manuel López Obrador, con el Movimiento de Regeneración Nacional, que vende otro concepto de lo que es la oposición en este país.

Todos estos grupos de izquierda propalan que quieren cambiar para que todo siga igual en esta corriente. 

Después de todo lo anterior, podemos concluir que en México se vive un sistema de partidos fracturados o “perdidos”.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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