Las mujeres hemos tenido que transitar por un sinuoso camino para ver reconocidos nuestros derechos humanos y la justicia. Hace algunos siglos, se pensaba que éramos el sexo más débil, ya que no podíamos ser consideradas para formar parte -en igualdad de condiciones que los hombres– de las decisiones en nuestro entorno.

Indudablemente los avances han sido muchos en la lucha por el reconocimiento de nuestros derechos civiles, políticos, económicos, culturales, laborales y sociales, sin embargo, aún son persistentes algunas normas y tradiciones que mantienen obstáculos para nosotras, lo que impacta negativamente nuestro desarrollo personal. Simultáneamente, somos violentadas en diversos ámbitos de nuestro entorno personal, donde nos agreden, nos discriminan, nos violan, nos desaparecen y nos matan. Por ello, el futuro de las mujeres y niñas en nuestro país es incierto, ya que, a pesar de los logros obtenidos, ni la igualdad, ni la equidad, ni la paridad son aún una realidad.

En ese sentido, es urgente que México reconozca que aún existen pendientes normativos y de políticas públicas que garanticen el pleno acceso de las mujeres a una vida libre de violencia. Últimamente se han hecho comunes los ataques en contra de movimientos legítimos que buscan visibilizar la situación desafortunada en la que vivimos. Lamentablemente, esos ataques vienen directamente de nuestras autoridades, que en un afán de ponerle color, partido y dueño a los movimientos, denostan a quienes levantan la voz de manera legítima.

La sororidad no es de derechas ni de izquierdas, ni de neoliberales o marxistas. Hoy las voces que clamamos igualdad, respeto, seguridad y buscamos el empoderamiento femenino, nos unimos ante la persistente violencia que vivimos las mujeres, ya que nuestra realidad es cada día más dolorosa. Hoy, 10 mujeres son asesinadas al día en nuestro país y al parecer somos invisibles para nuestras autoridades.

Por ello, a unos días del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, es preciso hacer una reflexión sobre los avances, pero también sobre los retrocesos que hemos tenido en este camino por el reconocimiento de nuestros derechos. Hoy más que nunca necesitamos sentirnos seguras, incluidas en las decisiones del gobierno y reconocidas por nuestras autoridades. Por eso, el llamado realizado por la sociedad civil relativo a #UnDíaSinNosotras, cobra total relevancia. Es preciso visibilizar con nuestra ausencia, que ni el sistema económico, cultural, ni los centros laborales serían iguales sin nosotras.

Por último, desde este espacio, hago un llamado al titular del Ejecutivo federal a que no contamine la lucha de las mujeres con su venta de “cachitos” para la rifa de un avión presidencial, ya que dicho el movimiento ha nacido del hartazgo de millones de mujeres que estamos cansadas de ser víctimas, humilladas, silenciadas y categorizadas. Es indignante que quiera, desde su investidura presidencial, opacar y aplastar la voz de más de la mitad de la población. Seamos valientes y demostremos que nuestras vidas valen más que un avión presidencial: #El9NingunaSeMueve.