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Opinión
Tabla rasa

Contra el mundo reversible y las ideas objetivadas. Cadaverizadas. El stop del pensamiento que es dinámico. El individuo víctima del sistema. Fuente de las injusticias clásicas. De las injusticias románticas. Y el olvido de las conquistas interiores.

En 1928 la pintura ‘Abaporu’ (“hombre que come” en lenguaje Tupi-Guaraní) realizada por la artista brasileña Tarsila do Amaral, inspiró a su entonces esposo Oswald de Andrade a escribir un ‘Manifiesto Antropófago,’ de donde salen estas líneas.

En éste, Andrade retoma el concepto del canibalismo como antigua práctica ritual de tribus amazónicas, para promover la idea de “devorar” simbólicamente las influencias externas, para digerirlas y transformarlas en algo nuevo, único y específicamente brasileño.

El manifiesto se convirtió en una especie de bandera para la emancipación cultural en Brasil, que invitaba a romper con estructuras hegemónicas heredadas de siglos de colonialismo.

Contra todos los importadores de conciencia enlatada.

Muchos años después, Emma González se limpiaba las lágrimas. Emma guardaba silencio. Un silencio ensordecedor, rebelde y absolutista frente a miles de personas que la miraban expectantes, en una histórica marcha “por nuestras vidas” que mandó un mensaje puntual no solo a sus conciudadanos estadounidenses, sino al mundo entero: las cosas no sólo ‘son como son,’ ni deberían serlo.

No es normal, ni aceptable, aunque desafortunadamente sí común, que un joven armado mate a 17 de sus compañeros de clase y profesores de la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas.

Los estudiantes no deberían de ser asesinados porque los intereses políticos y la incapacidad moral de una generación de un supuestamente avanzado, permite que sea más fácil comprar un arma de alto calibre en un supermercado, que un par de lentes de contacto.

En una reciente columna de opinión publicada en el New York Times el escritor Tim Kreider considera que los defectos de la generación millenial (ingenuidad, idealismo, intolerancia) que desafían el poder monolítico y osificado de la Asociación Nacional del Rifle- y por ende compañías armamentistas, son su más grande bendición.

“Los jóvenes se acaban de enterar que el mundo es una jerarquía injusta de crueldad y avaricia, y no solo los choquea, sino que los alarma. No comprenden las avasalladoras fuerzas que le dieron forma a este mundo, y sin embargo las quieren cambiar,” dice Krenier.

Pero esa misma fe absolutista e ingenua, es el único contrapeso posible para la otra forma de fe, igualmente totalitaria: la del cinismo. La corrosiva creencia de que nunca nada va a cambiar, y que las instituciones corruptas están ya más allá de la salvación.

Contra de las élites vegetales. En comunicación con el suelo

Pero el poder, como el dinero, es producto de nuestra imaginación y depende del valor que le conferimos.

Así, Krenier llama a la misma generación a despojar al mundo de “ideas anticuadas, prejuicios vestigiales e instituciones podridas, así como de roles de género encorsetados, y la salvaje ideología del capitalismo.”

Muerte y vida de las hipótesis

“No puedo esperar el momento en que hayamos desaparecido, tan solo desearía poder vivir para presenciar un mundo sin nosotros.” Las ideas de Krenier, resuenan fuerte en el contexto social y político de Estados Unidos, y son desde fuera y desde lejos, conmovedoras.

Casi tanto como las lágrimas de Emma, y su silencio. Como la expresión legítima de inconformidad, de rabia y de rebelión, que, como la misma generación que la engendró, apolítica y post ideológica, no es por eso menos sensata.

Contra la fijación del progreso por medio de catálogos y televisores. Sólo la maquinaria. Y los transfusores de sangre.

Como Kreiner, como Andrade, yo también quisiera ver ese mundo despojado de cinismos instaurados.

Contra la Memoria fuente de la costumbre. La experiencia personal renovada.

Yo también quisiera presenciar la emancipación. La nueva generación aniquilando al pasado, pero también a la realidad social opresora tejida de ideas y principios anquilosados. Darle paso así al sentido de comunidad, a una vida pública ‘sin complejos, sin locura’, libre de masticar los absolutismos.

Absorción del enemigo sacro. Para transformarlo en tótem. La humana aventura. La terrenal finalidad.

Encontrar una expresión nacionalista, humana, social y política moderna que se conciba más allá del sistema y las instituciones, más allá de los conceptos e ideologías impuestas o heredadas.

Tendrá que ser, una generación millenial antropófaga la que esté dispuesta, indiscutiblemente e irremediablemente dispuesta a empezar de nuevo, a negarlo todo, a crearlo todo.

Tupi, or not tupi, that is the Ilus question.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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