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Opinión
Celuloide

“Existe una palabra para definir el momento en que fantasía y realidad se mezclan: locura”

Laia Soler.

Desinhibida ante la cámara, como si fuera su estado natural, se deja retratar desayunando, recorriendo su casa e incluso antes de dormir, así es Julia “Julita” Salmerón, mujer que siempre ha vivido despreocupada y que sólo deseó tres cosas, que al parecer se le fueron cumpliendo, como si hubieran sido concedidas por el genio de una lámpara.

Muchos hijos, un mono y un castillo, es un documental desternillante, pero no porque su propósito sea la comedia, sino porque quienes salen a cuadro son una familia que raya en la excentricidad sana que es irreal, pero verdadera.

Los Salmerón son comandados por su madre y a través de películas familiares de antaño, más grabaciones digitales que su hijo Gustavo fue realizando, se recopilaron años de material de Julita, quien tuvo seis hijos, adoptó a un mono, heredó una fortuna y con eso se compró un castillo.

Julita es una mujer sin igual, acumuladora compulsiva que guarda todo en cajas y más cajas adentro de otras cajas. Por si fuera poco tiene las cenizas de sus padres y las vértebras de su abuela, aunque esas están tan bien almacenadas que ni siquiera recuerda dónde están.

Y claro, además se considera masona.

El testimonial de Gustavo Salmerón logra lo que pocas películas en la actualidad: entretiene, reflexiona y además cautiva de manera empática con sus personajes, resultando 88 minutos un parpadeo, anhelando más material de su madre y todo lo que sucede al interior de este nicho familiar.

El documental se estrena al fin en México en salas comerciales, después de pasar triunfante por distintas muestras y festivales internacionales y de haber ganado en los Goya.

Aún, a sus 82 años de edad, Julita sigue viviendo el éxito, aunque ahora ya no tiene ni al primate ni al inmueble gigante. Le queda su parentela, quien la lleva a todas las premiaciones donde está el documental, así visitó recientemente el país, indicando que se encontraba sorprendida del acogimiento que ha tenido la película de la que es protagonista.

Muchos hijos, un mono y un castillo, es un abrazo a la locura, a la materialización de lo imposible, de todo aquello que parece onírico.

Aunque Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant lo plasmaron en el guión de Amélie (2001) “Estos son tiempo difíciles para los soñadores”, el documental de la familia Salmerón refrenda lo contrario. Hay que seguir edificando sueños.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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