La señora Elsa a los 13 años de matrimonio y una hija de 11, descubre que su marido le es infiel. Después de varios intentos por salvar la relación, decide divorciarse. 

Su hija Elsita vive de cerca toda esta situación y se vuelve aliada y paño de lágrimas de su mamá. Al ver su sufrimiento, culpa al papá y a su amante de la destrucción de su familia. 

Pasa el tiempo, Elsita crece y se enamora de un hombre que justamente le hace lo mismo que su papá a su mamá, le pone el cuerno. 

Elsita llega a la conclusión de que todos los hombres son iguales, y tiene razón. 

Todos los hombres que ella atraiga van a ser iguales y la van a traicionar hasta que ella perdone, comprenda y acepte la situación que vivió de niña. 

Después de varios intentos por encontrar al hombre fiel, Elsita se da cuenta que su búsqueda es inútil y decide no volverse a enamorar. Opta por entrar a trabajar para distraerse. 

En su primer día de trabajo conoce a su jefe y surge un amor a primera vista, pero resulta que él era casado. Finalmente se divorcia y se casa con Elsita, por lo que ya no tiene que trabajar y para no estar inactiva se mete a clases de tenis. 

Su maestro era guapo, de buen cuerpo, aparte olía delicioso y, ¿qué crees? Le puso el cuerno a su esposo con él.

Esta historia es muy común y se preguntarán por qué. Todas las situaciones que no aceptes y no comprendas en tu vida, las repites. En otras palabras, si te ganchas con una situación indirecta y no aprendes la lección, la vida te la pone para que la vivas y aprendas a ser feliz a pesar de eso.

Cuando el primer novio de Elsita le fue infiel, ella se puso en el lugar de su mamá y ahí la comprendió. Cuando ella se enamoró de un hombre casado, entendió a la amante de su papá. Cuando ella se enamoró del profesor de tenis estando casada, fue cuando comprendió a su papá. 

Todo esto se lo hubiera podido evitar si desde un inicio ella hubiera comprendido y aceptado la situación de su papá. Obviamente pensarán que estaba muy chica como para entenderlo. La mamá en vez de despotricar en contra de su papá y de la mujer que “destruyó su matrimonio”, pudo hacer que la niña siguiera viendo al papá como un ser humano que cometió un error como pareja. Sin embargo, sigue siendo una excelente persona, un buen padre y la ama. 

De este modo la perspectiva y la historia de Elsita hubieran sido totalmente diferentes.

Esto pasa con cualquier situación que te toque vivir de cerca. Tal vez no fue tu mamá la que vivió la traición, pero tu tía o tu amiga sí. Como venimos a aprender a ser felices y tú no estás siendo feliz con esa situación, la vida te lo repetirá una y otra vez hasta que aprendas a serlo.

La vida usa este mecanismo para que tengas una perspectiva de cada uno de los roles, para que por un lado o por el otro te des cuenta cuáles son los resultados de sus acciones y puedas aprender, pero depende de ti quedarte en una posición o en otra. 

Cuando ves el error en el otro y te molesta o te hierve la sangre, ahí es cuando lo puedes ver, es como si te vieras en un espejo. Por ejemplo: ves a una mamá en el super gritándole a su hijo y piensas “pobre niño con esa mamá que le tocó”. Ahí puedes apreciar el error, pero cuando eres tú la que pierde el control y grita, no te ves.  

Mirando al otro podemos entender cómo se ve el panorama desde afuera, cambiarás tu punto de vista y podrás ponerte en los zapatos del otro.

Ojalá todos aprendiéramos con los errores indirectos, pero bien dicen que nadie aprende en cabeza ajena y casi siempre hasta que lo vivimos en carne propia es cuando aprendemos, pero nunca es tarde.

Te aconsejo que desde hoy empieces a mirar dentro de ti cuando algún error ajeno te haga sentir malestar, pues ahí tienes una gran oportunidad para reconocer que “si te choca, te checa”. Si te molesta es porque toca alguna herida tuya que hay que sanar, solo así podrás comprender y aceptar los errores de los demás sin tener que vivirlos para aprender de ellos.