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Opinión
Puntos sobre las íes

Si usted ordena bien los datos que se han ido produciendo en los últimos días sobre la renegociación del TLC, entonces ya lo sabe: acostúmbrese por el momento a vivir sin ese tratado porque al parecer aún falta un largo camino por recorrer.

En el vuelo a Vietnam, rumbo a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, el propio canciller Videgaray hizo una serie de advertencias muy claras al alcance de cualquiera de los que no tenemos ni su conocimiento, ni su poder y tampoco su nivel de implicación en la toma de decisiones.

Entre otros aspectos destacó que “México es más grande que el TLC y hay más vida después de ese tratado”.

 Y es que, a estas alturas no todos aseguran que febrero será el mes en el que Donald Trump dejará caer el TLC, si es que lo hace.

¿Qué ganará o qué consecuencias tendrá eso para los estadounidenses? Realmente importa poco, porque ahora nos basta con observar cómo va la situación al interior del vecino del norte como para saber que será muy difícil que su presidente se resista a demostrar su poder que consiste entre otras cosas, antes que disparar una bomba nuclear, en desarticular el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

De consolidarse esa situación en febrero nos llevaría a un escenario en el que el eje central de la campaña no será lo que se pretende, sino serán las consecuencias de un México sin TLC.

Y eso condicionaría mucho, pero sobre todo condicionaría el contenido de la campaña que terminaría reflejando las consecuencias que traería consigo ese acontecimiento.

Aunque más allá de enfrentar esa situación mientras otras opciones entran al campo de juego, habría una devaluación alta, no por la vía de hecho como la que hemos implementado hasta el momento, sino una devaluación grave que desencadenará un panorama político-económico muy complicado en medio de la campaña electoral.

Por eso se pretendía, desde el punto de vista de los intereses nacionales, que consolidáramos la negociación del TLC antes de que iniciara la campaña. 

Pero eso no ha podido ser así y al parecer ya no será. Y frente a la realidad sólo nos resta vivir con ella e intentar alterarla para que todo lo que suceda genere el menor daño posible a nuestros intereses.

Si Trump decide liquidar el TLC impactará de lleno y perfilará la campaña del 2018.

Y mientras se intenta explicar algo que considero muy posible, como el hecho de que para México existe vida fuera del TLC y aún más si diversificamos nuestras relaciones lejos de los estadounidenses; las consecuencias a corto plazo, es decir, en el proceso electoral del próximo año, serán definitivas y definitorias.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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