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Opinión
Índira Kempis

Si busca el título de esta columna, encontrará montones con mi firma. No sé cuantas veces en todos estos años, he escrito sobre este problema. Antes invisible, de poca importancia, relegado a lo que nunca es urgente por parte de las autoridades; hoy es más vigente que nunca.

¡Imposible vivir así! En una Zona Metropolitana de Monterrey que está sumergida en las eternas contingencias ambientales de las que ni siquiera tenemos diagnósticos y análisis clínicos certeros. Es decir, apenas si tenemos estaciones de medición que no son de alta tecnología y pocos estudios médicos o de salud pública sobre la relación de las enfermedades cardiorrespiratorias con la cantidad de partículas que estamos respirando.

El problema es multifactorial y no solamente recae en la responsabilidad de una sola autoridad. Varios intentos se han hecho desde diferentes niveles de gobierno y la sociedad civil, prácticamente todos impopulares… ¿por qué? Principalmente, porque cambian hábitos sólo de las empresas, sino también individuales. Terrible ver cómo la “bolita” la pasamos entre todos y no tener un plan claro y estratégico que nos permita tomar las medidas pertinentes.

Por eso, cada vez que me preguntan sobre qué se puede hacer, contesto lo que he contestado estos años: hacer lo que nos toca. Y lo que nos toca es documentar, denunciar, exigir, reducir el uso del automóvil y la carne asada (sí, aunque le duele a una cultura basada principalmente en esto), plantar árboles, no quemar basura… Entre un sin fin de actividades más que sí hacen la diferencia. Principalmente, las del involucramiento de la sociedad civil y la ciudadanía con los gobiernos.

Un ejemplo de esto último es el Observatorio de Calidad del Aire o las madres y padres de Familia en San Pedro Garza García que se están organizando para incidir en esta agenda, a sus iniciativas habría que sumarnos para empujar todavía más.

Que no basta con las fotos compartidas con la “nata” de (vaya usted a saber qué) lo que estamos respirando. Tantas quejas, si bien suben el altavoz, se olvidan una vez que la contingencia pasa.

Somos lo que comemos tanto como somos lo que respiramos. En un ejercicio diario no debemos soltar este tema a sabiendas que cualquier esfuerzo por mínimo que sea sí tiene un impacto.

Ahora bien, hay mucho trabajo legislativo qué hacer. En mi agenda desde el Senado hemos estado trabajando, por ejemplo, la regulación en la calidad de las gasolinas que se ha demostrado que es un factor que afecta negativamente en esta Zona Metropolitana y mucho más, por la presión de vapor, respecto a otras zonas.

Queda claro que también es un asunto de valentía de las autoridades, sobre todo a nivel estatal en el tema de las pedreras (tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo).

El esfuerzo tiene que ser colectivo. El aire no segrega a la hora de estar contaminado. Aire es y hoy es un evidente asesino invisible que nos está poniendo en jaque en una emergencia que no se puede parar a menos que exista la voluntad ciudadana y gubernamental en todos los sentidos.

Porque, ¿qué somos si somos lo que respiramos? Pensemos y hagamos.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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