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Opinión
Índira Kempis

Veo una foto en la que una persona con maquillaje que remarca sus facciones, un peinado “de salón”, vestido de unicornios y en sus manos un cuento que es visiblemente infantil porque tiene elementos caricaturizados. Frente a ella, niñas y niños que se notan atentos a la lectura.

El colectivo que realiza esta actividad se llama “Drag Queen Story Hour” y ha sido objeto de juicios excesivos que derivaron en que algunos los denunciaran por una supuesta “corrupción de menores”.

Pero, ¿por qué si sólo son cuenta cuentos? Porque son Drag Queen, que es el término que describe a una persona que se disfraza y actúa a la usanza del estereotipo de una mujer de rasgos exagerados, con una intención primordialmente histriónica que se burla de las nociones tradicionales de la identidad de género y los roles de género.

Que puede ser un hombre heterosexual, homosexual, bisexual o una persona de cualquier orientación sexual; siempre teniendo en cuenta que están creando un personaje para la sociedad.

Las Drag Queen en Monterrey están haciendo algo que pocos se atreven, fomentan la lectura, la creatividad y la convivencia entre quienes necesitan de la atención de una sociedad completa: los niños y las niñas.

No cualquiera destina de su tiempo (en este mundo donde “nadie tiene tiempo”), dinero (en un país donde aduras penas pensamos en los círculos cercanos) y esfuerzos (en Nuevo León donde existen pocos esfuerzos de participación ciudadana) para atender algo tan importante como es la infancia.

Pero hay gente que en lugar de entender ese papel importante se dan a la tarea de mirar con fobia lo que no existe. Nadie se está metiendo con sus hijos e hijas más que para un tiempo de lectura que a cualquier persona en formación le beneficia. Nadie está inculcando una “ideología de género” porque tampoco existe.

En la ignorancia germinan los miedos irracionales hacia las diferencias y la diversidad en nuestra orientación sexual. Lo que sí existe en esa irracionalidad es la homofobia que hace que se convierta en odio lo que se supone pero que no tiene fundamento alguno. Que una vez que echa raíz y se extiende provoca no sólo miedo u odio, sino discriminación y violencia.

Mañana 1 de junio será la Marcha de la Diversidad. Como cada año desde que soy activista estaré junto al contingente de personas que han luchado por sus derechos.

Mi identidad. Mi derecho” es el lema de esta ocasión.

Sueño en que puedo vivir en un país sin odios, sin fobias y sin discriminación. En donde cualquier persona que se siente a dedicarle de su tiempo a un infante para leerle un cuento sea admirada, en vez de denostada o agredida.

La comunidad LGBTTTIQ+ de Nuevo León me ha enseñado el valor de ser humanos, así en verbo. Hemos estado en “las muy malas, en las malas, en las peores y en las buenas también”. Sigamos soñando porque necesitamos un país en donde nadie sea objeto de persecución y hostigamiento sólo por ser lo que son.


* Esta opinión no refleja la del periódico

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