En 2014 quienes presenciaron “Birdman o la inesperada virtud de la ignorancia” –vale la pena recalcar el título completo debido a la importancia en el filme– se pudieron preguntar ¿Acaso Riggan Thomson (Michael Keaton) puede en verdad volar y manipular los objetos con su mente, o solo es parte de su imaginación? 

Esta pregunta queda abierta para el espectador y juega con el pensamiento colectivo de la audiencia de Iñárritu.

Lo mismo sucede con “El Laberinto del Fauno” de Guillermo del Toro en 2006 cuando a través de la mirada de Ofelia conocemos una España en la posguerra civil y cómo es que ella escapa de esta realidad en sus encuentros con seres fantásticos del bosque. 

En una entrevista se le preguntó al realizador mexicano si el final de la cinta era fantasía o realidad, del Toro contestó: “Para mí, por supuesto… realidad”.

Federico Fellini hizo también uso del recurso en su aplaudida “8½” donde un atormentado director de cine está por comenzar el rodaje de un filme del que carece de guión. El egocentrismo del italiano se ve plasmado en esta obra maestra que interpreta Marcello Mastroianni quien recurre con su personaje a pasajes de memoria, sueños y “debrayes” lúcidos para escapar de su presente.

Siendo estos filmes películas imperdibles que retan a la imaginación del cinéfilo promedio, en la historia del cine se vive la delgada línea entre lo onírico, lo fantástico y lo real o concordante. Actualmente pocas cintas buscan “hacer músculo” con quienes acuden a la pantalla grande.

“Jauja”, película independiente del argentino Lisandro Alonso, llega a México como una propuesta distinta en el cine comercial del 2015. Esta es la quinta cinta del cineasta de Buenos Aires.

Viggo Mortensen es el protagonista del filme, quien también fungió como productor, corrector del subtitulaje al español, francés e inglés y hasta prestó dos de sus temas compuestos junto al guitarrista Buckethead de su álbum “Please Tomorrow” de 2004, “Sunrise” y “Moonset”.

En la ficción se cuenta la historia de Gunnar Dinesen (Mortensen), un militar danés que se encuentra al filo de la Patagonia junto a su hija Ingeborg. 

El desierto, la atemporalidad y la atmósfera inhóspita de un lenguaje apenas comprendido para ambos, los arroja en caminos opuestos: Ingeborg escapa del campamento con un joven soldado del que se enamora.

Dinesen pierde los estribos y se vuelca a la búsqueda desenfrenada de su hija enfrentándose al pasado nebuloso y un futuro sin veleta.

Considerado por algunos como un western por el paisajismo retratado por el cinefotógrafo finlandés Timo Salminen, pudiese ser una etiqueta arriesgada, ya que lejos de los ambientes abiertos de una árida argentina, la figura del gaucho está fuera de estas llanuras fílmicas.

La paciencia será requerida para los espectadores en sus butacas, ya que podría ser una película “lenta” para sus casi dos horas de duración, pero el viaje introspectivo del personaje vale cada minuto encuadrado en formato 4:3, ofreciendo el ahora popular estilo ‘Instagram’, que vuelve al cine con proyectos independientes.

Mortensen hace uso de su ascendencia danesa al pronunciar la lengua a cuadro y retrata la frustración universal del ser humano ante la incomprensión de los sucesos que le acontecen, todo en un silencio sepulcral cuando inicia la búsqueda de Ingeborg. 

“Jauja” llega para invitarnos a pensar y seguir la ruta de nuevos pasos en el realismo mágico que ahora se ve en el cine.