Institutos creamos, secretarios y directores contratamos y pagamos con el erario público, más estos institutos carecen de credibilidad, honestidad y certidumbre.

Corruptibles en cualquier momento. Discrecionales cuando hay dinero de por medio. 

Resultado, un país donde los derechos de inocentes se violan sin que las leyes los puedan proteger, mientras muchos culpables andan libres como si nada. Es la triste realidad de un país que presume de desarrollo, pero vive en el tercer mundo, precisamente por su corrupción y su carente institucionalidad.

No cabe duda que el sistema penitenciario debe de ser revisado.  Sin embargo, no podemos dejar pasar la respuesta que resalta, en el libro de Jesús Lemus: Los Malditos, a la pregunta que este le hace a los presos más temibles de México, como los son “El Mocha Orejas”, “El Duby”, de la secta de los narco satánicos y a Caro Quintero. Ante la pregunta de: ¿te arrepientes?,  los tres contestaron que sí.

Al final de cuentas, y a pesar de los horrores que se viven dentro de las cárceles, lo que intenta hacer un sistema penitenciario es reformar la mente. Inhibir que otros decidan sumarse a las filas de la criminalidad, situación que sería autodestructiva para cualquier sociedad.

 El arrepentimiento de estos “Los Malditos” como los llama Lemus, es lo que podemos salvar del pantanoso mundo que descubre. Más ahora que pareciera que está de moda entre los jóvenes el ser el villano de la película o pertenecer al grupo mas temido de delincuentes.

La cárcel – el encierro – es el tiempo que se tiene para evaluar las acciones y recomponer las situaciones. La muerte, no lleva a nada.

El crecimiento desmedido del delito, desde el más grotesco como  lo es el narcotráfico, el secuestro y el homicidio, hasta otros menos hoscos, más no por ello menos peligrosos, como los delitos financieros y la corrupción, tienen un remedio y este es que la justicia se aplique y la criminalidad se pague con tiempo en la cárcel.

Por eso urgen testimonios no solo de narcos y secuestradores. Urgen testimonios de políticos, líderes sindicales y hasta empresarios abusivos,  arrepentidos por ser los primeros generadores del caos. 

El sí me arrepiento de todos aquellos que han optado por la ilegalidad como su opción de vida, es lo que puede recomponer las  estructuras podridas de nuestra sociedad.