El día de hoy, seis hogares estarán de luto porque seis niñas, niños o adolescentes habrán desaparecido o habrán sido asesinados en nuestro país.

Me horroriza saber que, cada día, seis menores de 18 años fueron asesinados durante el 2021. Estamos hablando de que dos mil 240 menores perdieron la vida de manera violenta.

Lo que significa un aumento del 2.7 por ciento con respecto a 2020, cuando fallecieron de la misma forma dos mil 182 infantes.

Las cifras que señala el reporte anual de la Red por los Derechos de la Infancia (Redim), dejan ver la vulnerabilidad y los riesgos que viven día a día nuestros niños, niñas y adolescentes.

No podemos ser indiferentes a que, de enero a noviembre de 2021, se cometieron 994 homicidios dolosos y mil 246 homicidios culposos contra menores de cero a 17 años de edad.

Eso sumado a que la violencia armada dejó el año pasado, un saldo de 728 homicidios con arma de fuego, entre niñas, niños y adolescentes.

Pero no solo eso, hay una mayor incidencia en la violencia de género, el año pasado, 12 mil 918 personas entre cero y 17 años fueron atendidas en hospitales de México por violencia familiar, de éstas, 88.3 por ciento eran niñas y mujeres adolescentes (11 mil 409 en total).

Y qué decir de la estadística de niñas, niños y adolescentes reportados como desaparecidos, no localizados o localizados, es nada más y nada menos que de 12 menores por día, lo que equivale a 80 mil 344 personas.

Redim ha dicho, con justa razón, que los asesinatos contra menores dan cuenta, y lo cito textual, “de los fallidos resultados de las estrategias de seguridad y combate a la delincuencia y el crimen organizado.

“Es urgente que se retomen e implementen, con total seriedad y respaldo del más alto nivel, los trabajos y propuestas que en el seno de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) han surgido como parte de la Comisión para poner fin a toda forma de violencia contra niñas, niños y adolescentes”.

La seguridad y protección de nuestros niños, niñas y adolescentes, requiere de un trabajo de Estado en donde las ideologías y colores partidistas queden al margen del interés superior de nuestra niñez y de sus derechos.

Cabe mencionar la historia del bebé Tadeo, que no solo deja ver la deshumanización y descomposición social a la que hemos llegado, sino también demuestra claramente los riesgos a los que se enfrentan cotidianamente las niñas, niños y adolescentes de México.

La penetración del crimen organizado en cualquier espacio es más que evidente; y la impunidad con la actúan está a todas luces, su expansión es alarmante. De no detenerlos con el peso de la ley nuestros niños, niñas y adolescentes tendrán un país más violento e inseguro.

No podemos ser indiferentes e insensibles a los datos que Redim da a conocer. No podemos bajar la guardia cuando de nuestra infancia se trata. Ellos, nuestros niños, niñas y adolescentes merecen un presente y futuro mejor, una vida sin violencia. Merecen vivir.