¿Existirá en el mundo alguien que haya pensado que podría invertir un centavo con pingües ganancias? Yo creo que ni los más optimistas de los optimistas siquiera lo imaginaron.

Te invito a que hagas un ejercicio: acércate a diferentes instituciones financieras con una moneda de un peso, que prácticamente es la denominación más pequeña que sigue en circulación. Empieza con un banco. Llegas y les dices: “Quiero abrir la mejor cuenta de inversión que tengan; este es mi capital”. Y orondo, muestras tu moneda. Lo más seguro es que se rían de ti y piensen que te falta un tornillo.

Luego, te diriges a una casa de bolsa y repites la actuación, solicitando —por poner un ejemplo— un plan personal de retiro, conocido en el sector como PPR, y nuevamente indicas el monto del depósito inicial. Correrías mucha suerte si no mandan llamar a los guardias de seguridad para que salgas de inmediato de sus instalaciones.

Toca turno a una aseguradora. Buscas a un asesor para pedirle uno de los productos que comercializan en los que ofrecen pagarte una buena dote transcurrido cierto plazo, y, como infante en dulcería, le preguntas: ¿Cuánto alcanzo a comprar con un pesito? Adivinarás la reacción de esta persona.

Y así podrías recorrer otros organismos auxiliares en el mundo del dinero, encontrando la misma respuesta en casi todos. Y escribí “casi” porque sí existe una figura financiera que te aceptará la tan despreciada moneda: una administradora de fondos para el retiro, ¡la famosa AFORE! Como dijera el famoso inventor y sabio griego Arquímedes: ¡Eureka!

Jurídicamente no existe impedimento para que ahorres, literalmente, un centavo, aunque sería bastante ocioso que invirtieras esa cantidad. Lo importante es que tenemos un gran instrumento que nos permite hacer aportaciones voluntarias con poquito dinero y obtener las mismas ganancias que quienes invierten millones. De ahí que me atreva a decir que esta es la mejor inversión del mundo

¿Habrá algo escondido? Claro que no. Lo que sucede es que el dinero de muchos millones de personas de este país se junta, textualmente, y se hace una especie de vaquita con la cual se han alcanzado históricamente los rendimientos más altos que cualquier otro producto pudiera pagar con esos importes tan modestos.

Así que ya lo sabes, ¡haz aportaciones voluntarias en tu AFORE! Sin olvidar que deben ser de largo plazo, pues no son una cuenta de ahorro sino de inversión.

Recuerda que “no es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.