La teoría nos dice que cuando la política monetaria se encarga de bajar las tasas de interés o se utilizan algunos mecanismos con la finalidad de aumentar la oferta monetaria para estimular a la economía, esta se debe considerar expansiva, debido a que el dinero circulante se empleará en dinamizar la actividad económica.

Sin embargo, no siempre resulta el efecto deseado, en teoría, la actual política de la Reserva Federal, que fue adoptada desde el 2019 se ha desvirtuado totalmente, la flexibilidad monetaria que supondría mayor facilidad de créditos para las empresas y que estos fueran utilizados para la inversión productiva, se encaminó a una inflación de activos financieros sin precedentes.

Lo que parecería ser una condición favorable para el crecimiento económico se tradujo en la creación de la burbuja de activos más grande de todos los tiempos, el mercado de valores y la economía real están desconectados. Aunque no son lo mismo, deberían de tener un camino paralelo, pero algunas perturbaciones pueden ocasionar desconexiones como las que comenzamos a observar desde la última década; donde el impulsor de la bolsa de valores ha sido la impresión de dinero y no el crecimiento de la economía, como debería ser.

Después de la última crisis en 2007 el mercado de valores ha crecido cerca del 200 por ciento contra el 23 por ciento del aumento del Producto Interno Bruto y 50 por ciento de las ventas de las empresas que componen el S&P 500, lo que nos refleja una distorsión considerable.

Estas condiciones financieras solamente han favorecido un porcentaje reducido de personas que poseen la mayor ponderación del mercado de valores, principalmente al 1 por ciento que cuentan con la mayor riqueza en el país, lo que amplía cada vez más la brecha de desigualdad.

Las intervenciones de la Reserva Federal han significado fuertes impulsos al mercado de valores, al menos desde el año pasado que comenzó la expansión del QE, la bolsa y el crecimiento de la hoja de balance tienen una correlación positiva, el dinero fue dirigido a la bolsa, aunado a que los estímulos monetarios del 2019 se habían utilizado en gran parte en recompras.

Por la parte fiscal también encontramos inconsistencias y la Reserva Federal depende en gran parte del Tesoro estadounidense, desde la crisis “subprime” hemos observado que el Gobierno ha emitido cerca de 43 billones de dólares para sostener a la economía, y paradójicamente en ese lapso ésta solo ha crecido 3.5 billones: se requirieron 12 dólares por cada dólar de crecimiento aproximadamente, clara evidencia de que algo falla en la política económica.

Definitivamente creo que, tanto la Reserva Federal como el Tesoro, han perdido esa capacidad para incentivar el crecimiento económico, la impresión masiva de dinero y el endeudamiento excesivo solo han generado desigualdad económica. En el corto plazo, la inflación y, más adelante, la deflación será un escenario complejo para la economía de los Estados Unidos. Dicho problema que originó la misma política económica estadounidense solo tendrá solución con medidas dolorosas, es la única forma de rectificar el camino.

Humberto Calzada Díaz, economista en Jefe de Rankia Latam.