Pareciera algo tan obvio que ni siquiera merecería la pena tomarse el tiempo de leer este artículo.  Es algo propio de la gente decir que no tires el dinero rentando, que no hay como tener tus propios ladrillos y que por supuesto debes comprar tu vivienda. Es un hecho que estas personas emiten sus juicios desde su “yo” emocional y no desde su “yo” racional.

Pero para dar una respuesta adecuada a la interrogante de rentar o comprar, es fundamental hacer un poco de matemática, muy simple, dijéramos de segundo de primaria, así que no hay que espantarse.

Lo primero es saber cuánto tienes que ahorrar para afrontar el primer gran pago en el camino de adquirir la vivienda de tus sueños: el enganche, además de otros gastos inherentes como la comisión de apertura, el avalúo y uno muy importante y de alto impacto como lo es la escrituración. De todo esto bien podrías estar desembolsando entre un veinte y un veinticinco por ciento del valor del inmueble, lo que representa, en pesos y centavos, una cantidad que normalmente no se tiene en morralla en el bolsillo.

Ten cuidado con algunas ofertas que hay en el mercado que te endulzan el oído diciéndote que el dichoso enganche será más pequeño, lo que si puede ser cierto pero que tiene que ver con otro aspecto fundamental de lo que actualmente pagas de renta contra lo que te tocará de mensualidad de la hipoteca. La relación es muy simple: a menor enganche mayor mensualidad y a mayor enganche menor mensualidad. No olvides comparar estos montos pues si el incremento en el pago cada treinta días es significativo puede ser que te cueste trabajo cumplir cabalmente todos los meses y hay que tomar en cuenta que las hipotecas son compromisos de muy largo plazo y que no es nada fácil comprar y vender en cuestión de minutos.

También debes hacer un pequeño análisis de la ubicación de la pretendida casa o departamento, de acuerdo con la zona en que tú y tu familia se mueven regularmente y que sea parte de su estilo de vida. Un error muy frecuente es que, con el afán de ser propietario se pueden pasar por alto este tipo de detalles que a la larga terminan costando mucho. Como dice la sabiduría popular: “sale más caro el caldo que las albóndigas”.

No te precipites. Comprar es bueno pues te genera tranquilidad el hecho de ser dueño más que desde un punto de vista financiero, pero debes hacerlo midiendo perfectamente la fuerza de tu cartera para que no te arrepientas y acabes gastando más dinero en resolver el merequetengue en el que te metas.

Recuerda, “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.