Amanecí pensando que el próximo mes, si Dios lo permite, será mi cumpleaños. Me llama la atención que siempre ha caído en septiembre y me pregunto si no podría ser de otra manera. Siguiendo con mis locuras me viene a la mente que el 14 de febrero también siempre es en febrero, al igual que el 10 de mayo en mayo.

¿A qué viene tal dislate? Muy sencillo, como dice la sabiduría popular: “no hay fecha que no se cumpla, ni plazo que no se venza…”. Así, puntualmente llega el regreso a clases.

Cuando era niño, el ciclo escolar empezaba a principios de septiembre, hasta que a finales del milenio pasado a un presidente se le ocurrió agregarle días, aunque no contenido (aberraciones de los políticos). Ahora comienza en agosto y, con él, la compra de útiles 15 minutos antes del primer día de clases.

Por principio de cuentas vale la pena hablar de nuevo de la previsión (anticiparse a lo que pueda suceder). ¿Por qué no empezamos a surtir la lista escolar con anticipación? Habrá quien me conteste que porque no tiene dinero. Pero ¿no te alcanza para comprar siquiera un lápiz y un sacapuntas? Haciéndolo así poco a poco, ni cuenta te darás y ya estará lista la lista.

Si no lo hiciste con antelación y te agarran las prisas, te doy unas recomendaciones:

  1. Como toda la vida hemos dicho en Saber Gastar: “En la comparación está la toma de una mejor decisión”.
  2. Haz un club de compra con otros padres de familia. De esta manera, adquiriendo por volumen, se pueden conseguir descuentos de medio mayoreo y hasta de mayoreo.
  3. Las papelerías de barrio han sufrido mucho con los grandes consorcios que les compiten. Por tal motivo, bien puedes negociar con los dueños de la que está cerca de casa y conseguir buenos precios sin el desgaste de salir desaforado a buscar por todas partes.
  4. La cultura del reciclaje se aplica perfecto aquí. Desde una pluma y un juego de geometría, hasta cuadernos y libros que estén en buen estado y que puedan heredar los hermanos mayores a los menores. Enseñemos a los hijos que no siempre se puede estrenar (ni se debe, yo diría), pues no está el horno para bollos.

Y, por cierto, no se te olvide que sigue la crisis sanitaria y que debemos evitar a toda costa ir a lugares muy concurridos. Este es un tema de salud, más allá del dinero.

Que el regreso a clases de cada año no termine en las casas de empeño por culpa de tu “distracción” financiera. De verdad no es tan difícil.

Aprende a prever, a comprar, a comparar y a reutilizar.

Recuerda que “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.