Reporte Indigo

Reforma pensionaria

CIUDAD DE MÉXICO, 11JULIO2020.- El día de ayer, el gobierno de la Ciudad de México dio a conocer 20 de las colonias con más casos positivos de Covid-19 por lo que comenzará a aplicar el semáforo epidemiológico por colonia. Las entidades con mayor número de casos se registran en las alcaldías de Xochimilco, Iztapalapa y Tláhuac, sin embargo en colonias como Polanco, Miguel Hidalgo, y Condesa, Cuauhtémoc, se reporta que las personas no utilizan de manera correcta o no utilizan el cubrebocas, a pesar del semáforo naranja. FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

Para hacer una reforma financiera no es suficiente saberse las tablas de multiplicar; también es indispensable conocer la historia. Empezaré en 1917 con la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su famoso artículo 123 el cual consigna, en el apartado A fracción XXIX, que “Es de utilidad pública la Ley del Seguro Social…”.

De ahí nos iremos a 1925 cuando se promulga la primera ley en la materia pensionaria: “Ley General de Pensiones Civiles de Retiro”, lo que sería el antecedente del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (I.S.S.S.T.E.) en 1959.

En 1943 nace el Instituto Mexicano del Seguro Social (I.M.S.S.) para dar las mismas prestaciones de la burocracia a los empleados de la iniciativa privada. Para 1973 se consideró la imperiosa necesidad (al igual que se dice hoy) de cambiar dicha ley y así se hace, conservándose en la actualidad el criterio de pago de pensiones por jubilación conforme a lo que estipulaba este ordenamiento jurídico.

No pasó tanto tiempo para que volvieran a darse cuenta de la insuficiencia de las pensiones y se les ocurre diseñar el “S.A.R., Sistema de Ahorro para el Retiro” en 1992. (Por cierto, en lo que he estudiado en toda mi vida no conozco algo tan mal hecho como este famoso Sistema).

Siguiendo con nuestro recorrido cronológico llegamos a 1997 cuando nacen las cuentas individuales y sus administradoras que serán las famosas A.F.O.R.E.S., manejando los recursos de los trabajadores afiliados al I.M.S.S.; diez años más tarde se promulga la actual ley del I.S.S.S.T.E con una “bipolaridad” en el sentido de permitir que se mantenga el régimen anterior modificando la edad de retiro o que se cambien a la modalidad de las A.F.O.R.E.S. contando con un sustancial pago de antigüedad. Hasta aquí el recuento histórico.

¿Qué hemos hecho durante todos estos años los que nos dedicamos al tema financiero especialmente al mundo de las pensiones? Pues señalar enfáticamente que es indispensable aumentar la aportación a la cuenta individual ya que de otra manera no hay dinero que alcance.

¡Concedido! y finalmente lo deseado se ha cumplido ¡felicidades!… pero… tenemos problemas y bastante serios.

Estamos totalmente de acuerdo en que se deposite más dinero en la A.F.O.R.E.; también aplaudimos la gradualidad propuesta de ocho años. Sin embargo, las autoridades pierden de vista algo muy importante que los antecedentes, si se hubieran analizado, nos han demostrado: ¿Por qué todo el patrón? ¿Por qué no involucrar a los trabajadores?

En leyes anteriores y en reformas efectuadas se ha demostrado que cuanto más se “aprieta” a los empresarios, más se incrementa la subdeclaración, es decir que o pagan sueldos por honorarios, asimilables o alguna otra figura, o simplemente no dan las prestaciones.

Si, claramente hay patrones gandallas y abusivos, pero no lo son todos y en realidad esta carga, que no es otra cosa que más impuestos, no siempre se puede cubrir ya que si repercuten este impacto económico en sus productos es posible que se salgan de mercado con la consecuente caída en ventas e incluso una posible quiebra; y no soy alarmista, esto es una realidad histórica.

Por otro lado, como lo escribí en semanas previas, la seguridad social la pagamos todos los consumidores por lo que indudablemente tendremos un incremento en la canasta básica y la no tan básica, es un hecho.

De lo expuesto hasta aquí es que sostengo que el trabajador también debe participar, con una carga menor claro, pero es obligado que contribuya para formar el capital que el día de mañana disfrutará junto con su familia en forma de pensión.

Y lo que sí es una aberración absoluta es que se reduzca a menos de 15 años (750 semanas) el mínimo requerido para tener derecho a la jubilación. En estas horas he pensado que soy realmente ignorante y que la estulticia se ha apoderado de mi pues en realidad no lo entiendo en lo más mínimo.

¿No habrán hecho cuentas? Aumentan la aportación a más del doble y reducen el tiempo de cotización un 40%. Por lo tanto, se acumulará un poco más de lo que hasta hoy se tiene en las cuentas individuales y como resultado tendremos cientos de miles de pensiones garantizadas con cargo al erario, lo que significa que tú, yo, nosotros y ustedes pagaremos con nuestros impuestos este beneficio social. Como dice la sabiduría popular: “caravana con sombrero ajeno”.

Por último, ¿por qué tan pocos años de trabajo? Yo llevo más de cuarenta de chamba fuerte y todavía me faltan al menos diez para poderme jubilar de manera estable. En realidad, es una reforma a medias.

Ojalá que enmienden el camino.

Recuerda, “No es más rico el que gana más, sino el que sabe gastar”.

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