En un momento tan crítico como lo ha sido esta pandemia por COVID-19 hay que escatimar en gastos. Si se revisan las cuentas de los arrendamientos de automóviles, es interesante cómo con la pandemia se vinieron abajo estas cifras. En 2018, último año del presidente Enrique Peña Nieto, la entonces Sedesol rentó –sólo para las oficinas centrales– mil 639 autos a la empresa Casanova. En 2019, ya arrancado el gobierno de la Cuarta Transformación, apenas se rentaron 453 vehículos para las oficinas centrales de la hoy llamada Secretaría del Bienestar. Es decir, disminuyó bastante la renta de autos y eso que todavía no arrancaba la pandemia en el país. Cambió también que no sólo se rentaron a Casanova, sino que entró la empresa Value. En todo el 2020 nos reportan que apenas se rentaron 180 autos para las oficinas que dirigen los servidores de la nación, los mismos que andan viendo la entrega de vacunas. En este 2021, los registros aportan que sólo han rentado siete vehículos. A los servidores, la austeridad los trae a pie, dicen por ahí.

Seguridad 2.0

Después de que se evidenciara la vulnerabilidad de las páginas web de la Secretaría de Salud, del sistema de registro para la vacunación, del aumento de ciberdelitos durante la pandemia, las estafas por internet, el robo de identidades y las páginas apócrifas para conseguir la vacuna anticovid, pareciera que la alerta no ha llegado realmente a las autoridades. Si bien, las pesquisas y acciones de las policías cibernéticas, específicamente la de la capital del país, han dado resultados, las acciones no han sido suficientes para contener el ritmo con el que avanzan estas nuevas amenazas. Aunque es época de austeridad y la seguridad física es prioritaria, expertos han recomendado una mayor inversión, esfuerzos coordinados y focalizar parte de la estrategia de seguridad al ciberespacio. Si la manera en la que trabajamos, estudiamos y socializamos ha cambiado, también el crimen y por lo tanto también deberían de evolucionar las estrategias de seguridad a ciberseguridad.