Una de las muchas lecturas que dejó la marcha multitudinaria de ayer en la Ciudad de México fue la confirmación de que no solo al exterior sino también al interior del propio movimiento de la autodenominada cuarta transformación los ánimos están muy encendidos de cara a las definiciones que vienen rumbo a 2024 y que, evidentemente, hay una división muy marcada. Las agresiones de las que fue víctima el canciller, Marcelo Ebrard, evidencian que el clima interno no es el mejor porque, además, no es la primera vez que se han dado este tipo de ataques en Morena. ¿Realmente alguien puede cuestionar que el senador Ricardo Monreal haya preferido no asistir para no exponerse a estas confrontaciones?

Estirar la liga

Y precisamente siguiendo con el coordinador guinda en el Senado de la República, por más que un sector del partido haya intentado revivir el intento por quitarlo de la coordinación, lo cierto es que en la Cámara alta el zacatecano tiene el apoyo de la mayoría del grupo parlamentario e incluso de gran parte de los legisladores de oposición, por lo que no parece viable que, al menos en el corto plazo y con lo que hay en juego, se quiera forzar un enfrentamiento interno en las filas de Morena. De momento, parece que ninguna parte quiere estirar la liga más allá y evitar la ruptura total.

Un intento ¿de verdad?

Todo indica que hoy Morena y sus aliados en San Lázaro sacarán el dictamen de la reforma electoral y posiblemente mañana mismo haya un intento de llevarlo al Pleno, a pesar de que los pronósticos indican que no tienen los votos. Sería esta misma semana, como ha adelantado Ignacio Mier, que se presentarían las propuestas de reforma a siete leyes secundarias, en caso de que se concrete el freno a las modificaciones constitucionales. Lo que no ha dejado de despertar cierta suspicacia es la insistencia en la reforma constitucional. ¿Será un intento de verdad a última hora o solo están ganando tiempo?