“¿Quién nos escucha?, ¿qué hacen por nosotros?”, son las preguntas que niñas, niños y adolescentes nos hacen a quienes nos dedicamos a la política.

Cuando protestamos como legisladores, quiero pensar, que por nuestra mente pasó la gran responsabilidad que hemos asumido y el trabajo que significa ser representantes de las y los mexicanos, entre ellos, nuestra niñez y adolescencia.

Las niñas, niños y adolescentes también son ciudadanos, también forman parte de México, y también padecen los males del país, como pobreza, delincuencia y el crimen organizado, las crisis económicas, políticas y sociales.

Pareciera que no la pasan mal, sin embargo, la padecen igual que los adultos, que los jóvenes, que las personas de la tercera edad; también tienen miedo de la inseguridad, de las enfermedades, de que en su casa no haya dinero.

Lamentablemente son los olvidados, los invisibles, los ignorados, ¿por qué?, porque no votan.

Nuestra niñez y adolescencia no solo son el futuro, son el presente de México y su presente no es el mejor que digamos, muchos de ellos viven en extrema pobreza, forman parte de las filas del crimen y de la delincuencia organizada. Ahí están, esperando que los tres órdenes de gobierno no solo los volteen a ver sino que los escuchen y los hagan parte de sus políticas públicas.

Nuestros niños, niñas y adolescentes quieren un país sin violencia, en paz, sin hambre, con atención médica y medicinas; con trabajo para sus padres, tener un hogar, ir a la escuela, a los parques. Quieren jugar, ser amados.

Ellos quieren también que se les respeten sus derechos, que se les crea cuando señalan a un abusador sexual, que se les ayude cuando han sido víctimas de abuso sexual y se les haga justicia.

Las niñas, niños y adolescentes de nuestro país no quieren buscar a sus padres entre los muertos, no quieren escarbar fosas para buscar a algún miembro de su familia; tampoco quieren que los suyos mueran por falta de medicinas, por una pandemia mal atendida o por la violencia generada por la delincuencia y el crimen organizado.

Mucho menos quieren que sus mamás sean víctimas de feminicidio, ni vivir en los infiernos que lleva la violencia intrafamiliar; no quieren que una de sus amigas, amigos o compañeros de la escuela estén desaparecidos.

La tarea que tenemos en favor de nuestra niñez y adolescencia es más grande de lo que parece, y ser indiferentes a ella es no escucharlos, es ignorarlos, es menospreciarlos.

Fueron los últimos en ser vacunados contra COVID-19 porque el subsecretario López Gatell dijo que ellos no se contagian y, que si les ocurría, no era tan grave, aunque también fallecieron por esta causa. Hasta mayo pasado, más de mil 200 menores murieron por la pandemia, de acuerdo con cifras oficiales.

Nuestros niños, niñas y adolescentes merecen que las y los legisladores trabajemos por ellas y ellos, que los volteemos a ver con amor y detenimiento; que alcemos la voz por ellos y que hagamos leyes que los protejan.

Por eso seguiré trabajando por y para ellas y ellos, seguiré insistiendo en generar leyes que garanticen sus derechos, y para que prevalezca su interés superior; porque todas y todos los que vivimos en México merecemos lo mejor, particularmente, nuestras niñas, niños y adolescentes.