Si algo atrajo a los electores del regreso del PRI a los Pinos, fue la promesa de un gobierno eficaz. El régimen entendió el mandato que le daba el electorado y respondió con el Pacto por México.

Se entendía al pacto como el consenso político más relevante de los últimos años y la punta de lanza para afianzar la hegemonía electoral del partido en el poder. Vale la pena recordar que lo anterior se dio en el contexto de la unánime aprobación internacional de este regreso.

Los críticos y escépticos de este plan, alegaban que un cambio en el marco normativo no sería suficiente para acelerar la economía nacional. Sobre todo en el marco de un debilitado estado de derecho.

Pero como Salinas con “La Quina”, así Peña Nieto dio un golpe de autoridad con la captura de Elba Esther Gordillo, pero más importante, con la captura de “El Chapo” Guzmán ¿Qué mayor prueba de eficacia, necesitaban los mexicanos?

No importaba si México no tenía el desempeño económico esperado, las reformas servían como excusa. La lógica de los cambios estructurales graduales servía como argumento suficiente para postergar el hacer frente a las cifras negativas.

Sin embargo, parece innegable que la etapa de implementación de las reformas no está siendo tan fructífera. Basta con ver la situación de la reforma educativa y el conflicto en Oaxaca, Chiapas y Guerrero y el desastre mediático, logístico y político que ha sido la evaluación de docentes a nivel nacional.

Aunado a esto, la imagen de un gobierno conciliador y  eficaz no ha sido derrumbada por los partidos de oposición, sino los constantes reclamos sociales. El máximo exponente de este reclamo ha sido el conflicto desatado tras la desaparición de 43 estudiantes normalistas en Ayotzinapa. 

En el mismo sentido, la reforma energética parece haber contado con poca fortuna. La coyuntura internacional no ha acompañado de manera favorable a esta nueva legislación, que se presumía era el cambio económico más relevante de los últimos tiempos.

Ya había un antecedente histórico reciente donde habíamos puesto nuestra esperanza de crecimiento económico en los hidrocarburos, sin la respuesta esperada. Aunque es una arista importante de la economía nacional, no debería ser el centro del debate en esta materia.

Y como el último clavo en el ataúd en la promesa de un gobierno eficaz está “la fuga” de Joaquín Guzmán del Penal de Máxima Seguridad del Altiplano. No solamente la muestra de incompetencia y corrupción de la autoridad, sino también por la pobre respuesta y rendición de cuentas por parte de quienes originaron este grave error.

La campaña mediática del pacto por México le fue dando seguimiento a las diversas etapas del mismo. Dicho lo anterior, a últimas fechas se ha desaparecido del discurso del Ejecutivo Federal. Pareciera que ante los resultados actuales, el volverlo a sacar a colación resultaría contraproducente.