Nunca en la historia de México la violencia contra las candidatas y candidatos había sido tan escalofriante como lo es ahora. Ser indiferentes ante estos sucesos solo la recrudece más, es el Estado quien debe enfrentar la violencia con todo el poder y la fuerza de la ley y de las instituciones que tiene este mandato.

Hasta el día de ayer han sido asesinados 19 candidatas y candidatos a presidentes municipales, nunca en la historia de nuestro país se había visto tanta violencia en el marco de un proceso electoral.

El Estado mexicano no puede ni debe permitir que la delincuencia y crimen organizado se apoderen no solo de los municipios, sino de los procesos electorales.

En lugar de la agresión cotidiana y permanente a las autoridades electorales, debería enfrentar a los grupos criminales y no dejarlos transitar en la impunidad, igual que a quienes buscando un puesto de elección popular tienen probados actos vinculados a la delincuencia y al crimen organizado.

Bien lo dijo el expresidente del extinto Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde: “Este ya es el proceso electoral más violento de la historia de México. Todos los días hay amenazas, ‘levantones’ o asesinatos de candidatos o candidatas. Urge mensaje de unidad en contra de la violencia política”.

Y no podría estar más de acuerdo, cuando hace apenas dos semanas lamentábamos el homicidio contra Abel Murrieta, y ahora lo hacemos por su compañera de partido, Alma Rosa Barragán.

Anteriormente por Álvaro Madera López, Antonio Hernández Godínez, Mario Figueroa Mundo, Juan Antonio Acosta Cano, Efrén Valois Morales, Ivonne Gallegos Carreño, Analuci Martínez Saldivar, Alfredo Sevilla Cuevas, Flor de María Ballinas Sánchez, Manuel Dimas Cristóbal.

Pedro Gutiérrez, José Melquiades Vázquez Lucas, Homero Bravo, Carla Enríquez Merlín, Yuriel Armando González Lara, Gilberto Ortiz Parra, Ignacio Sánchez Cordero.

Es demoledor que diariamente haya noticias sobre asesinatos, secuestros, atentados, amenazas contra los abanderados a puestos de elección popular, pero es más demoledor que desde el Estado en lugar de atender la violencia con la ley en la mano, contribuya a la violencia a través de la polarización.

Me sumo a las peticiones y a las voces que claman un mensaje de unidad y pacificación en el marco del proceso electoral. Un cierre de filas sin colores partidistas porque no podemos ni debemos permitir que sea la delincuencia y el crimen los que elijan en México a los gobernantes; no podemos ni debemos permitir que la ciudadanía salga a las urnas con miedo a emitir su voto, permitirlo es darle la espalda a la democracia.