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Había una vez un rey al que todo su pueblo envidiaba, estaban inconformes por los lujos y el gran poder que tenía. 

Por más méritos que hacía para ganarse la admiración y el aprecio de sus súbditos, lo único que conseguía era ser criticado y nada cambiaba la mala opinión que tenían sobre él.

Un día mandó llamar a todo el pueblo y les ofreció intercambiar papeles. En una hoja, cada uno debía escribir por un lado todas las bendiciones que tenía en su vida y por el otro todos sus problemas. Tal vez alguno querría cambiar su vida por la del rey.

Se llegó el día del intercambio y todos llegaron muy puntuales con su hoja, uno por uno fueron intercambiándola con la hoja del rey. Después de leerla por ambos lados, cada uno fue regresando a su casa con su propia hoja. 

Ninguno eligió quedarse con los quehaceres del rey.

No compares tu vida con la de otros, realmente no tienes idea de cómo es su travesía. Si juntáramos nuestros problemas y pudiéramos elegir intercambiarlos con los problemas de otro, seguramente nos quedaríamos con los nuestros. 

La envidia es una pérdida de tiempo porque tú ya tienes todo lo que necesitas y tus problemas solo son las lecciones que tú mismo pediste para aprender.

La envidia, al igual que el amor, es un sentimiento que ha acompañado al hombre desde el principio de sus días. Espiritualmente esto equivale a robar energía de otra persona.

Por lo tanto, la envidia destruye el corazón de quien la padece y le impide gozar de la felicidad. 

Según el Dr. Luis Chiozza, ante la frustración de ver en otro la materialización de nuestros deseos, podemos llegar a sufrir trastornos hepáticos, ya que el hígado es el órgano encargado de transformar nuestro alimento en materia capaz de nutrirnos. 

Si esta capacidad no alcanza para cubrir nuestras necesidades, nos enfermamos del mismo modo que cuando nos sentimos carentes porque nuestras expectativas no se cumplen.

El envidioso no disfruta de la vida por estar pensando que otro está disfrutando algo más que él. Pero lo más triste es que sufre por la felicidad ajena.

Si supieras que todo lo que ves es porque te pertenece, dejarías de envidiar en un segundo. En vez de arruinar tu día cuando percibes que le va bien a alguien más, te alegrarías, porque esa sería una señal de que estás cerca de eso que tanto deseas. Así que entre más te alegres por las bendiciones de los demás, más cerca te sentirás  de sus logros y así los pordrás atraer a tu vida.

De la misma manera que los defectos que percibes en los demás son los tuyos, cuando percibes las cualidades y el éxito de otros, ellos te están mostrando lo que también es tuyo, pero al sentir envidia, sin darte cuenta, los bloqueas.

Se requiere un árduo trabajo espiritual para que puedas experimentar la buena fortuna de los demás como tuya, porque así es en realidad. 

Así que la próxima vez que sientas envidia, cambia a positivo, alégrate y agradece ya que todo eso es parte de ti .

Te invito a encontrar aquéllas cosas que envidias. Date cuenta de que la razón por la cual estás viendo estas cosas es solo para mostrarte que tú también puedes tenerlas.