Si antes del próximo 1 de julio Grecia llega a un acuerdo con sus acreedores, serán la noticia positiva de la semana. Los mercados tendrán jornadas positivas, se recobrará algo de la confianza perdida en el euro y las portadas de los diarios mostrarán a Draghi, Lagarde, Tsipras y Merkel sonrientes y tomados de las manos.

La verdad es que por alentadoras que sean dichas fotografías, eso no le dará empleo al 25 por ciento de la población griega que se encuentra desempleada y no será la piedra angular que construya un sendero que nos lleve a no volver a este escenario.

Grecia recobrará dinamismo en el momento que entienda que no saldrá de la crisis únicamente aceptando rondas de estímulos, sino teniendo una profunda introspección y replantear las reformas estructurales que ha venido poniendo sobre la mesa el gobierno de Syriza.

En primer lugar tendrán que evaluar el sostener tantas paraestatales, uno de los puntos de desencuentro entre Grecia y sus acreedores es el tamaño de su aparato de gobierno. Lo anterior aunado a la corrupción imperante, lesiona aún más las finanzas públicas griegas.

En segundo lugar, tienen que plantear una reforma fiscal seria que les permita liquidar sus deudas y así mismo permanecer en la zona euro. De nuevo para esto es importante acotar el rol de gobierno para no destinar gran parte de los ingresos fiscales en financiarlo.

En tercer lugar estaría lograr un arreglo político que lleve a una gobernabilidad más responsable. Actualmente el gobierno de coalición griego parece velar más por satisfacer una agenda ideológica radical a de hecho hacer más sostenible la estancia griega en el euro.

Lo cierto es que el escenario actual es de presión, sobre todo para el gobierno de Tsipras. De no llegar a un acuerdo, se agudizarán las fugas de capital y sería inminente la salida de Grecia del euro.

Sería muy dañino que Grecia se declarara en moratoria y aún así se le permitiera permanecer en el euro. Lo anterior lanzaría una señal negativa a economías como Portugal y Chipre, en donde implícitamente se les diría que no hay consecuencias a la irresponsabilidad fiscal.

A lo anterior le podemos añadir el dramático episodio que sería el sacar a Grecia del euro en contra de su voluntad. Las turbulencias políticas, económicas y sociales que esto traería podrían ser irreversibles para dicho país al menos en un mediano plazo.

Llegar a un acuerdo no es algo negativo, pero es prolongar lo insostenible. Bajo un escenario en donde Syriza cambiara su agenda o llegara al poder una nueva coalición de gobierno que buscara adelgazar las finanzas públicas griegas, este virtual nuevo estimulo podría ser visto como una oportunidad.

A Tsipras y a su equipo les debe quedar claro que no es compatible el prometer quedarse en la Zona Euro y no querer ceder en nada. Como bien dijo Einstein, no se puede esperar obtener nuevos resultados, haciendo exactamente lo mismo.

 No se les pide que condenen a su población a no tener ninguna clase de acceso a programas de pensiones adecuados o bienes públicos de calidad. La propuesta es más bien una búsqueda de eficiencia en el funcionar del gobierno y disminuir sensiblemente la corrupción.