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Opinión

Se anunciaron las nominaciones de los premios hollywoodenses conocidos por excelencia, Roma, de Alfonso Cuarón, alcanzó 10 menciones y Gael García Bernal tuiteó “Ojalá gane todas las categorías en las que está nominada, en especial la de mejor película”.

En los 91 años de historia de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, solamente se han seleccionado 10 películas de no habla inglesa en la categoría de Mejor Película, ninguna se ha llevado nunca la estatuilla a casa.

Cuando llegó la cinta mexicana a Netflix, ya se habían calentado motores con las funciones que tuvo —y sigue teniendo— en salas. Lo que empezó siendo como un gusto, pasó a ser una fiesta, a mitad de diciembre se convirtió en un bacanal y ahora todo parece una juerga sin control por seguir embriagados en el “mame” de Roma, pero, ¿qué pasará cuando despertemos a la cruda realidad?

México ha crecido con una falsa esperanza en una mesiánica figura que le brinde triunfo a través del paso del tiempo, basta con recordar lo más cercano, la Selección Nacional en los mundiales, y cada cuatro años la ilusión se viene abajo.

Creer en que un suceso se vuelve de facto, es caer en una ilusión, un autoengaño y por eso deviene la decepción, esta es la gran constante en el mexicano promedio, al depositar toda su confianza en el fenómeno conocido como “ya merito”.

Incluso, con motivo de Rusia 2018, se hizo un libro que habla de esto, Breve historia del ya merito, en el cual distintos autores escriben, cuestionan y desmenuzan cómo es que el futbol se ha vuelto en esa efigie intocable de México, en la que se cree con fe ciega, aunque en el fondo llegue nuevamente la derrota.

Hay que recordar que el premio es de quien lo trabaja, si Cuarón gana en los Oscar, el galardón le pertenece a él, no a México. El hecho de que él agradezca a su país de origen, no es ofrecer la presea a la nación que lo vio crecer, es solo decir “gracias” como lo externó en los Globos de Oro.

Ahora, que si él llegase a la victoria en los Oscar y en su discurso dice de su propia voz que la estatuilla es de y para México, todo sería diferente.

La realidad es que Roma se enfrenta a producciones de alto calibre internacional, algunas ganando casi el mismo número de premios y también hay que vislumbrar otros largometrajes preferidos por la crítica.

Guerra Fría es un filme equiparable a Roma y es la verdadera contrincante que podría llevarse el Oscar a Mejor Película Extranjera, al igual que la cinta de Cuarón, es una historia personal, se hizo en blanco y negro y apela a la nostalgia.

¿Acaso México está convirtiendo a los Oscar en el nuevo ya merito?


* Esta opinión no refleja la del periódico

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